El álbum que rompió los límites de la música pop

Lanzado en 1967, al inicio de la era hippie, The Beatles elevó el género a la categoría de arte, con sonidos nunca antes oídos en melodías aparentemente inocentes; los estudios Universal reeditan el disco por el aniversario.

Era 1967 y el mundo estaba viviendo una revolución en todos los ámbitos, por un lado se desarrollaba la Guerra de Vietnam; el Apollo 1 se incendiaba durante una prueba; la Ciudad de México veía la nieve caer por primera y única ocasión; en la música, el rock estaba por redefinirse: el debut de The Doors y el lanzamiento del disco Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el cual definiría a la etapa musical psicodélica.

Hoy se cumplen 50 años de que 13 canciones interpretadas por los jóvenes británicos: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, cambiaron la forma de escuchar y hacer música y que serían inspiración para bandas legendarias como Led Zeppelin, Pink Floyd y para las nuevas generaciones como Radiohead y Gorillaz.

En entrevista con La Razón, el músico y escritor Fernando Rivera Calderón y el locutor de @Beatleradio, José Antonio Martínez desmenuzan los puntos claves del disco y cómo es que ha llegado a trascender por generaciones y transformó la narrativa musical.

“El Sargento Pimienta (como se le conoce en español) surge en una época de una revolución sicodélica, apareció en una generación que estaba en medio de muchas manifestaciones, de reivindicación de los derechos de los afrodescendientes, de los migrantes, de las mujeres, de los homosexuales.

Había un ambiente de liberación de la conciencia a través de las drogas sobretodo el LCD”, señala Rivera Calderón.

“Es una de las piezas más importantes de todos los 60. Marcó la década completa en el sentido en que ellos ya tenían la libertad creativa de hacer cosas, de utilizar el estudio como un instrumento más, tenían la libertad de gastarse muchísimo dinero en una portada y de incluir personajes controvertidos y quizás difíciles de abordar, ellos ya no tenían limitantes”, afirma Martínez.

Para el escritor, el Sargento Pimienta es una mezcla de todas las épocas, “de todos los sonidos, de todos los géneros, de la locura y es también un disco donde se puede ver como la civilización occidental sonaría en su derrumbe, es como si fuera el sonido del apocalipsis”.

Mientras que para Martínez, el octavo disco de The Beatles, es de esos álbumes musicales que dejaron una huella que ni si quera ellos mismos pudieron superar, “después vinieron otros discos que son piezas impecables en cuanto a la manufactura y producción, creo que aun con esas calificaciones que sus trabajos posteriores les dieron, no pudieron superar el concepto tan completo que tenía”.

Un antes y un después en la música. El disco más que pertenecer a un género musical, pertenece de alguna manera a un género literario—destaca Rivera Calderón—e insiste en que gracias a la genialidad de George Martin (productor del disco) y de todas las personas que estaban ahí involucradas en el estudio de grabación, lograron crear un disco imposible de tocar.

“No sólo lo dotaron de una instrumentación clásica, de chelos, de trompetas, de timbales que además sonando a niveles rarísimos que no tenían nada que ver con las mezclas tradicionales de música clásica, además usaron sonidos experimentales. Es decir, no era un trabajo periodístico como habían sido las grabaciones anteriores que registraban un momento musical, sino que era una obra literaria real que creaba universos sonoros que no existían y que nadie había escuchado hasta entonces y que transformaron la manera no sólo de crear música sino también de escucharla”.

Coincidiendo con el integrante de Monocordio, José Antonio afirma que si hay un antes y un después tanto en la carrera de los británicos como en la industria musical de aquel momento. “Lo que hicieron los Beatles en el Sargento Pimienta si marcó a toda una generación y a toda la música como la conocemos el día de hoy”.

Nuevas generaciones. A cualquier joven que le interesa la música en estos días tiene que necesariamente voltear a ver el Stg. Pepper’s, “es un disco fundamental para entender lo que ha pasado en la música en los últimos 50 años”, destaca Rivera Calderón.

Mientras que para Martínez, “el disco sigue tan vigente que estamos viviendo estos días una gran fiesta mundial por todo lo que representa. El Sargento Pimienta está más vigente que hace 50 años, porque estamos revalorando. Es un material que innovó en tecnología, en vestuario, en color, diseño. Es algo que va a ser eterno”.

Finalmente, ambos coincidieron en que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, es el primer disco incatalogable de la historia. “Es el primero de realismo mágico, que no pertenece realmente a un género musical sino a un género literario, porque lo que cambia es la narrativa de la música. Es una obra que está viva que no suena a nostalgia, que no suena a viejo, es una maravilla”, concluye Fernando Rivera.

“El Sargento Pimienta es el inicio del rock conceptual como lo conocemos hoy. Es la primera vez que pudimos experimentar y sentir como fluían las drogas en la mente de Lennon y de McCartney. El Sargento Pimienta, es el inicio del rock más puro”, finaliza José Antonio Martínez.

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De cuando en Cuba nunca escuchamos Sgt. Pepper’s

Por Carlos Olivares Baró / carlosolivaresbaro@hotmail.com

La Ofensiva Revolucionaria decretada por Fidel Castro en 1967, trajo consigo el cierre de casi todos los centros nocturnos de La Habana: solo quedó en pie Tropicana, reducto del régimen para los turistas europeos ansiosos por ver a las mulatas coristas bailando rumba, guaracha y chachachá. En la radio sonaba el ritmo Mozambique de Pello El Afrokán, un negro santero que conformó un ensamble de percusiones con trombones y trompetas que se convirtió en la sensación de los salones de bailes de La Polar.

¿Qué tiempo había para escuchar a Los Beatles?: cantaban en inglés y eran oriundo de un puerto británico, Liverpool, que los maestros de geográfica de la secundaria ignoraban. En Radio Progreso, emisora de gran audiencia, un atrevido productor musical lanzo al aire un tema que me produjo sorpresa y admiración: “Penny Lane” (Lennon/McCartney) por The Beatles. La vida, siempre lo he sostenido, es un sumario de espejismos y consonancias melódicas que se empalma con la realidad. Cuando escuché a mis 16 años el solo de trompeta piccolo ejecutado por Dave Mason en recreación de un fragmento del Segundo Concierto de Brandenburgo, de Bach, en la acentuación melódica de “Penny Lake”, me di cuenta que la música estaba más allá del Mozambique de Pello El Afrokán que aparecía en todas en las frecuencias radiales y los domingo en la televisión oficial.

Nunca más volvieron a poner a “Penny Lane” en Radio Progreso, del programador musical nunca más supimos de él. El 1 de junio de 1967, The Beatles lanzaba el álbum más importante de su trayectoria, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (EMI Studios/Regen Sound Studios, Londres), y en Radio Reloj anunciaban el Plan del Comandante en Jefe de la Recogida de Café en Sierra Maestra. El cuarteto intérprete de los éxitos “Love Me Do”, “A Hard Day’s Night” y “Yellow Submarine” estaba vetado. Comenzaba el verano en la Isla. Sgt. Pepper’s nunca fue crónica ni nota en el diario oficial del Partido Comunista, Granma.

En el exilio descubrí a The Beatles. Escuche por primera vez Sgt. Pepper’s en 1978. “Penny Lake”, mi composición preferida lanzada como sencillo meses antes, tuvo que ser retirada, decisión que el productor George Martín lamentó años después. Con Revolver (1966) advertí que el cuarteto británico rompía con algunos esquemas del pop/rock comercial. Entrar a las radas de Sgt. Pepper’s fue una experiencia inolvidable: music hall, psicodelia, art rock, pop barroco (ya conocía “Yesterday”, de Help!, 1965) y tonalidades sinfónica.

Martin decidió acoplar las voces con una orquesta, lo cual obligó al cuarteto a un trabajo de recitación más riguroso. Primer tiempo: la orquesta ficticia afina los instrumentos para dar paso al tema conductor del fonograma. Ringo hace el papel de director en una secuencia pionera de lo que hoy conocemos como Rapper.

Uno de los primeros álbumes en la historia del rock que configura una ‘trama conceptual’: preludio/obertura, eliminación de pausas (puentes), clímax (“A Day in the Life”) y despedida. Lúdico diseño de portada con las figuras de Marilyn Monroe, Marlon Brando, Mae West, Edgar Allan Poe, Aleister Crowley, Bob Dylan, Oscar Wilde, Karl Marx, D.H. Lawrence y hasta Shirley Temple. Una muñeca con un jersey de lana reza: “Welcome to The Rolling Stones”. Fonograma revolucionario en muchos de sus elementos. Los ‘revolucionarios’ que bajaron barbudos de la montaña del Oriente cubano, estaban imbuidos en la construcción del hombre nuevo: ¿qué Sargento Pimienta ni qué Sargento Pimienta? ¡Aquí sólo manda el Comandante!

Fuente. La Razón/Daniel Mendoza

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