Tango terapia, el baile que apacigua el parkinson

Con la danza, asegura la AMPAC, los pacientes mejoran sus habilidades sicomotrices y ganan seguridad emocional

A partir la experiencia con el Parkinson que vivió su madre, en Guadalajara, la bailarina Brandy Ruvalcaba adaptó a la tango terapia un método propio.

“El equilibrio es indispensable en la danza, en el tango, y la persona que tiene Parkinson lo primero que pierde es toda la parte sicomotriz, por la falta de dopamina en el cerebro”, explicó.

Por el Parkinson, Héctor Manuel Cruz Rojas, de 77 años, pensó que jamás volvería a bailar y disfrutar de la música, como lo hizo en su juventud cuando fue integrante de la legendaria orquesta Acerina y su Danzonera.

“Yo creí que con esta enfermedad ya no iba a poder bailar. ¿Cómo voy a bailar si apenas y puedo caminar? Era contradictorio”, dijo Cruz Rojas, quien fue diagnosticado hace siete años.

Cruz expresa con orgullo que el danzón es su mayor pasión, pero el tango, además de una terapia, es un nuevo amor.

“El tango te abraza y sí es cierto, ya no te deja”, aseguró después de su clase.

El tango era un baile desconocido para muchos de los pacientes de la asociación hace cuatro años. Hoy este ritmo argentino representa un momento de alegría para ellos, confesó la vicepresidenta de la AMPAC, Patricia Polo.

“No sé para los demás, pero para mí ha sido como fabuloso, porque el ritmo te entra por todos lados, te ayuda a tener equilibrio. A tener comunicación con el otro, es un diálogo que no se ve, pero se siente y te olvidas del Parkinson”, dijo.

Su profesora asegura que la mayor satisfacción ocurre cuando se presentan en escenarios y los familiares y público notan la mejoría en sus movimientos.

“Es padre cuando otras personas llegan y dicen: ‘mira, esta persona está enferma de Parkinson, que es una enfermedad tan fea que te impide caminar, y están bailando’”, dijo sonriente Ruvalcaba, que tiene 28 años bailando.

Con el Parkinson, Georgina García, de 66 años, ha experimentado un baile que jamás pensó practicar; por ello, cree que ha sido una gran oportunidad para disfrutar
de la vida.

“En mi niñez y en mi juventud nunca bailé. Ahora que tengo el Parkinson hago todo lo que no hice antes”, dijo.

Cada jueves, en el salón de baile de la AMPAC, los adultos mayores practican sus pasos al ritmo de la música de Astor Piazzolla, los representantes de la Guardia Vieja argentina y Agustín Lara.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, en México se calcula que hay 350 mil personas con Parkinson, principalmente son pacientes de la tercera edad.

Mejoras con el tratamiento

Es un proceso complementario para tratar enfermedades discapacitantes, aunque también es usada contra trastornos de estrés post-traumático, sicosis, timidez, ansiedad y depresión.

  • Según la creadora de la terapia, Brandy Ruvalcaba, su método permite a los pacientes desarrollar memoria  muscular, por medio de las coreografías, y generar empatía, lazos y seguridad.
  • Ruvalcaba define a esta enfermedad como un proceso cruel en la vida de quienes la padecen y las personas que los acompañan, por ello, busca que los pacientes retrasen el mayor tiempo posible la degeneración de sus movimientos.
  • El tango es un género musical y una danza, característica de la región del Río de la Plata.
  • Exponentes del tango que emplea en la clase: Astor Pantaleón Piazzolla, Carlos Gardel, Juan Carlos Cobián y Julio de Caro.

Datos y síntomas

El Parkinson es una enfermedad que afecta a las células nerviosas en el cerebro que controlan el movimiento.

  • Esta enfermedad es progresiva, lo que significa que los síntomas aparecen gradualmente y empeoran lentamente.
  • El Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en el mundo.
  • Los síntomas que se pueden presentar son: cambios en la escritura, mover menos un brazo al caminar, alteraciones de sueño, estreñimiento, temblor o rigidez, dificultad para caminar o inestabilidad.
  • La enfermedad de Parkinson afecta a una de cada 100 personas mayores de 60 años. Actualmente, hay unas 6.3 millones con esta enfermedad en el mundo y la Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que para el 2030 llegarán a ser más de 12 millones.
Fuente:: Excelsior/Ximena Mejia

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