PAN-PRD prefieren quitar comida a decenas de familias

Los dos sismos de septiembre colocaron a Ricardo Anaya y Alejandra Barrales en una disyuntiva: devolver o no el dinero público que reciben los partidos que ellos dirigen, para ayudar a la reconstrucción de 12 mil escuelas, 153 mil casas y un cuarto de millón de personas con daño patrimonial.

Los presidentes del PAN y el PRD ya decidieron qué hacer: correr a parte de su personal, en lugar de reintegrar sus prerrogativas. Es decir, ayudarán a los damnificados produciendo otros damnificados: las decenas de familias de sus ya extrabajadores, quienes se quedarán sin sustento.

De esa manera, el PAN se negó a devolver a Hacienda los 63 millones 286 mil 842 pesos del erario que le corresponden, vía el INE, para gastos del partido en el mes de octubre. Y el PRD se guardó su cuota de 37 millones 929 mil 925 pesos.

En cambio, Anaya despedirá al 90 por ciento de los 200 empleados que cobran por honorarios en el PAN, con salarios promedio de siete mil pesos mensuales. Sin embargo, con eso sólo reuniría un millón 400 mil pesos: 2.2 por ciento de las prerrogativas que se negó a restituir en octubre.

Y la idea de Barrales es echar a 140 de sus 250 trabajadores que cobran por honorarios. Ah, pero eso sí: no tocará a los trabajadores sindicalizados del partido porque ésos sí le cierran las instalaciones del partido. Le ponen candados a las puertas y se plantan en medio de la calle Monterrey.

Aún anoche, Octavio Martínez, secretario Electoral, le dijo a Alejandra Barrales en una reunión que al correr a empleados estaba anteponiendo sus intereses personales y ambiciones políticas a los ingresos de decenas de familias, de gente que se la juega a diario por el PRD haciendo miles de funciones.

Para nada le falta razón a Martínez, pero no sólo en el caso de su jefa; también del jefe de facto del PRD, el panista Ricardo Anaya, ya que Barrales acaba de ser noticia por poseer un departamento de un millón de dólares en una zona muy rica del norte de la playa de Miami, junto a las Torres Trump.

En tanto que Anaya y su familia vieron crecer su riqueza en inmuebles por 308 millones de pesos, además de que él mantuvo a su familia viviendo en Atlanta a un ritmo costosísimo de 44 mil dólares en pasajes de avión para visitarlos, 42 mil dólares de renta y 48 mil dólares en colegiaturas.

Sin embargo, los dos echan a empleados de siete mil pesos al mes; mientras se aferran a unos 100 millones que reciben de nuestros impuestos.

Pues no, Anaya y Barrales no quedan en una linda posición.

Fuente: La Razón/Rubén Cortés

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