7 mitos de las tarjetas de crédito que los millennials deben dejar de creer

En nuestra infancia algunos temimos a los fantasmas aun cuando nadie de nuestros amigos los haya visto. Con las tarjetas de crédito (TDC) pasa algo similar, principalmente entre los jóvenes.

El año pasado el New York Times publicó un artículo que rápidamente se volvió famoso “How Millennials Became Spooked by Credit Cards”.

No sólo a los jóvenes del milenio les aterran las tarjetas de crédito. Pese a que el 37% de la población mexicana adulta aceptaba tener una TDC en 2015, según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF), todavía es muy común escuchar a la gente que tiene miedo por usar este método de pago, aunque no lo conozca.

Mitos de las tarjetas de crédito para millennials.

Si estás pensando solicitar tu primer crédito lo mejor es informarse y no dejarte llevar por mitos que muchas veces carecen de fundamento. A continuación, te mostramos una lista de las creencias erróneas más difundidas sobre las tarjetas de crédito.

  1. Me endeudarán de por vida. Tener una TDC es una gran responsabilidad. La mayoría de ellas te cobra una cuota anual. Además, si te atrasas en tus pagos se acumularán intereses que incrementarán tu deuda. Si no controlas tus gastos tendrás problemas, pero si los organizas será una herramienta útil.
  2. Resolverán mis problemas financieros. Tampoco esperes que sea una solución mágica para tus finanzas personales. La TDC te permite hacer compras que pagarás después, si estás en condiciones de cubrir el total de tu deuda todo saldrá bien. En cambio, si gastas más que lo que puedes pagar, los intereses se acumularán y el banco te cobrará mucho más de lo que compraste con ella.
  3. Cualquiera puede tener una. No sería conveniente para el banco prestar dinero a cualquier persona. Primero se hace una investigación básica para saber si tienes la capacidad de pagar deudas y si tus ingresos son constantes.
  4. Son la puerta de entrada a créditos futuros. Si manejas bien tu tarjeta de crédito será una buena carta de presentación cuando pidas un crédito más grande, como para un automóvil o una casa. Si, en cambio tienes retrasos en tu pago o no cubres el total de tus pagos, cualquier institución a la que le pidas un crédito te lo negará. Una TDC no garantiza que alguien más quiera o no prestarte dinero, depende del manejo que le des.
  5. Son caras. Existen tarjetas de crédito para todo tipo de usuarios. El costo depende de los servicios que incluya tu tarjeta. Los bancos ofrecen cuentas básicas sin ningún costo, aunque te ofrecen mucho menos servicios que las de costo alto.
  6. Todas son iguales. Como todo producto, existen tarjetas para cada persona. ¿La usarás para las compras del súper, para viajes, para restaurantes o con ella piensas adquirir aparatos electrónicos? Cada una te ofrece beneficios diferentes y, por lo tanto, sus costos varían. Cada banco tiene una oferta diferente, antes de solicitar una, ten claro para qué la usarás.
  7. Cualquiera me servirá. Este es uno de los errores de muchos tarjetahabientes. Quizá el promotor te habló con mucha emoción de todos los beneficios de la tarjeta de viajes asociada a una aerolínea y te convenció, pero viajas muy poco. Todas las tarjetas tienen beneficios para sus usuarios, pero en muchas ocasiones no se usan. Si usas tu tarjeta para hacer las compras del súper cada semana, las millas de vuelo que acumules quizá se pierdan en unos meses sin que hayas decidido usarlas.

¿Qué tarjeta de crédito te conviene?

Una TDC es una oportunidad para comenzar tu historial crediticio. Si eliges la correcta y le das buen uso será una experiencia que querrás repetir. En cambio, si te dejas convencer por todo lo que se dice sobre ellas, muchas veces por desconocimiento, lo más probable es que te arrepientas por tener la tarjeta equivocada o no tenerla cuando sí la necesites. Investiga y si consideras que es momento de pedirla, compara tus opciones antes de aplicar.

Fuente: Dinero e Imagen

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