EL ARTE DE SABER TOMAR TEQUILA

Inspiración de la mujer actual

Fue un mediodía a la hora de la comida, me encontraba en la redacción cerrando el número del periódico.

De pronto entró la llamada de Él, que reclamaba mi presencia en un festejo donde se encontraban conocedores del buen beber y del saber, sin que esto tenga que ver necesariamente una cosa con la otra.

Había una concurrencia muy heterogénea; historiadores, antropólogos, arqueólogos, abogados y demás fauna social; una especie de flor y nata de la intelectualidad, sobre todo del Poder Ejecutivo, en fín, gente que sabe vivir y apreciar un rato de esparcimiento, descanso merecido en medio de las labores cotidianas de la profesión.  Así que cada miércoles había tertulia en la terraza panorámica de nuestro amigo abogado.

Hasta entonces yo no le había encontrado el gusto al tequila, es más, casi no bebía y aunque el grupo estaba enterado de mi aberración, en aquel momento me sentí un poco pecadora.

Anticipé a mi llegada que solo estaría un par de horas (con la honestidad del buen jugador, en este caso del buen bebedor). La plática se fue encauzando hacia el famoso tequila, que en otros tiempos fue llamado “vino mezcal”. Hay quienes aseguran que el aguardiente se elaboraba desde tiempos inmemoriales, en la época prehispánica; posiblemente desde antes de la conquista de los españoles, los huicholes hacían el sotol, bebida que extraían de una planta que se asemeja a un maguey, solo que más pequeño y es un aguardiente blanco muy fuerte, de olor también muy penetrante y, aunque los cronistas no lo mencionan, también ya se elaboraba el tepache con la cáscara de la piña y el tejuino del maíz, bebida originaria del Estado de Jalisco.

Los indios de Jalisco aprendieron de los huicholes a quemar las pencas del agave, lo que consigna Bernal Díaz del Castillo en el libro que escribió “Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España”, siendo este proceso un paso previo para hacer el fuerte aguardiente llamado mezcal.

La tribu de los tiquila o tiquilos fueron quienes aprendieron a prepararlo, por eso se llamó Tequila a esa región jaliciense , aunque, les diré,  que hay quienes aseguran que fue en Amatitán donde se producía.

Hurgando en la historia, encontramos que un  médico español llamado Jerónimo Hernández visitó Guadalajara, en donde le ofrecieron el “aguardiente sacado del corazón del maguey” y, “aunque le quemaba las tripas”, le gustó, pues le pareció de buen sabor. Dicho médico señaló que ese vino mezcal era muy medicinal y el pueblo lo usaba para para la cura  –por frotamiento- de la falta de movilidad de las articulaciones, así como para otras enfermedades.

Fue en el siglo XVIII cuando se fundó la primera destilería moderna de tequila por don Juan Sánchez de Tagle, caballero de la Órden de Calatrava, quien entre otras cosas se encargó de organizar los mercados para la venta del mismo, entre los que se hallaban los negociantes de las Islas Filipinas, donde el licor se negociaba en forma de trueque, a cambio de exóticas mercaderías orientales que transportaba la Nao de China hasta el Puerto de Acapulco.

Las ferias patronales de San Juan de los Lagos del Estado de Jalisco, la de San Marcos en el Estado de Aguascalientes, la de Silao en el Estado de Guanajuato, y la de Saltillo, Coahuila, que se celebraban en el siglo XIX fueron los mejores lugares de difusión y consumo del tequila.

La Sociedad Médica de Londres, en un informe de 1875 dictaminó lo siguiente:”…el tequila mexicano se toma con moderación, es un poderoso auxiliar en la purificación de la sangre, estimula las funciones del aparato digestivo y es recomendable en algunos casos de inapetencia…”

Pero no se crea que el tequila hay que tomarlo así nomás…no señor, debe ser un ritual….¡¡¡HAY QUE SABER TOMAR TEQUILA!!!. Aprender es todo un arte; no debe faltar su limoncito y la sal, de preferencia con gusanos de maguey o chapulines tostados de botana, desde luego, pero …ojo, mucho ojo, la sal debe colocarse con las yemas de los dedos –la que alcance a quedarse entre ellos- sobre la mano izquierda medio ladeada entre el pulgar y el índice y como a una cuarta de distancia de la boca, después, con el filo de la mano derecha, darse un golpe preciso muy cerca de donde está  colocada la sal, encauzándola de un tiro justamente a la boca… ¿Qué tal?

El tequila debe estar esperándonos sobre la mesa, ya sea servido en una caña (copa tequilera) o a la antigüita –como a mí me gusta- en jarrito de barro y….amigos “salucita de la buena”

“DEL VINO SACA EL SABIO SU VIRTUD”…seguro se refería al tequila.

Fuente: Vange Sauza
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