¿Hacia dónde apunta el futuro comercial de México?

Para México, el mayor golpe al comercio podría venir de la relación que tiene con Estados Unidos si las renegociaciones del TLCAN fallan. Es momento de plantearse alternativas.

México no la tiene tan fácil comercialmente hablando. Si por alguna razón se complican la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los negocios en México que exportan a Estados Unidos tendrán que buscar otros destinos. En este caso, China, por su volumen poblacional, se convierte en una opción interesante.

El pasado 7 y 8 de julio, se reunieron en Hamburgo, Alemania, los Presidentes de países miembros del G20. De lo que podemos resumir de la cumbre, además de la reunión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump y el mandatario de Rusia, Vladimir Putin, es la idea de “un mundo interconectado”, haciendo referencia al comercio global.

Para alcanzar ese ideal, se proponen tres ejes principales: crear resiliencia financiera, impulsar la sustentabilidad y asumir responsabilidad. Como herramienta, cada uno de los miembros de los 20 países más avanzados del mundo, deberán usar sus políticas monetarias, fiscales y estructurales para lograr un crecimiento sólido, sustentable, balanceado e inclusivo que fomente el crecimiento económico.

México, en particular, se planteó un objetivo junto con Argentina y Brasil: implementar un plan de consolidación fiscal para preservar la estabilidad macroeconómica. Pero no debe de ser el único objetivo de crecimiento económico mexicano, mucho menos si se considera que el panorama de comercio no luce tan alentador como antes de la llegada de Trump al poder.

Donald Trump ha sido muy claro al repetir su retórica durante su campaña por la presidencia de Estados Unidos y una vez instalado en la Casa Blanca. El magnate ha dedicado parte de sus esfuerzos a criticar la relación que su país ha tenido con México y no sólo en el ámbito económico. Tal como lo prometió en campaña, anunció que había firmado una orden ejecutiva que sacaba definitivamente a Estado Unidos del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial que involucraba a 11 países limítrofes de la cuenca del pacífico, incluido México y con el que se le haría frente a la súper potencia exportadora, China.

Para México el mayor golpe podría venir del comercio que tiene con Estados Unidos. En México, Estados Unidos encuentra uno de los socios comerciales más importantes, quedando en segundo lugar después de Canadá en la porción de las exportaciones estadounidenses (15.9% del total en 2016), y segundo con China en la participación de las importaciones estadounidenses (13.2%).

Según un estudio sobre en cuánto pueden afectar las políticas de Trump del EIU la división de investigación y análisis del periódico británico The Economist, el 80% de las exportaciones mexicanas llegan al vecino país del norte (302,700 millones de dólares en el 2016). México ha tenido ese mismo destino en la gran mayoría de sus exportaciones desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994. La mitad de las importaciones que recibe México provienen de Estados Unidos (179,600 millones de dólares). Esta situación genera un gran déficit comercial con México.

El gobierno mexicano ha querido convencer a sus contrapartes estadounidenses de que nuestro país es un aliado estratégico y que la ruptura de los vínculos económicos sería destructiva bilateralmente. Sin embargo, pese a los esfuerzos hechos, el desajuste que se puede dar por las políticas que pretende encausar Trump entre los dos países deja claro que México tiene más que perder si la relación se agrava.

La presunta interrupción de las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica tiene el potencial de generar cambios positivos para la región. Después de que el proteccionismo que predomino en las principales economías sudamericanas como la argentina y la brasileña, la agenda del libre comercio ha vuelto a ocupar el primer lugar en América Latina, con sus excepciones. Los gobiernos de Chile, Colombia, México y Perú empezaron a marcar el ritmo económico, con el establecimiento en el 2012 del área de libre comercio de la Alianza del Pacífico.

México, Brasil y Argentina representan un importante eje comercial, clave en América Latina, con enorme potencial de desarrollo. Los productos mexicanos de exportación pueden encontrar buen recibimiento en Sudamérica, si se complica la relación con Estados Unidos, pero existe otra alternativa: China.

China es un mercado en expansión, con la segunda economía que más está creciendo a nivel global, según datos del propio gobierno chino.

China e India empezaron a dar muestras del enorme potencial de crecimiento económico. Las métricas de crecimiento anuales mostraron enormes números reportados por dichos países asiáticos, números incluso más grandes que algunas de las súper potencias económicas occidentales.

Sobre todo en el caso del crecimiento económico de China (actualmente comparable con el de casi cualquier economía desarrollada), las comparaciones con Estados Unidos no han sido nada ajeno, sobre todo si naturalmente medimos no sólo el tamaño de su economía, ni el de su mercado, sino que equiparamos la influencia que pueden tener ambas naciones en las decisiones económicas mundiales.

China es la segunda potencia económica del mundo. Es el primer exportador y posee las reservas de cambio más elevadas. Al igual que a las economías más desarrolladas del mundo, la recesión mundial del 2009 interrumpió el ritmo de crecimiento constante que acarreaba el país asiático, y se manifestaron los límites de un crecimiento enfocado esencialmente en las exportaciones.

Como consecuencia de la desaceleración económica mundial y la disminución del comercio, el crecimiento chino se desaceleró a menos de 7% en el 2015, su nivel más bajo en 25 años, lo que debiera prolongarse. En el 2016, el crecimiento fue de 6.6% del Producto Interno Bruto, y se preveía a principios de año que el crecimiento rondara el 6.2% en el 2017. Sin embargo, las noticias económicas en China son buenas.

Este año la economía de China parece ser muy estable. Según cifras oficiales, en el segundo trimestre del año, el PIB creció un 6.9%, tasa muy similar a la lograda en los tres meses anteriores y superior a las expectativas de los analistas.

Además, es un país que, debido a su volumen poblacional, con 1,400 millones de habitantes, según las más recientes cifras de la Organización para las Naciones Unidas (ONU) , se ha convertido en un consumidor natural de recursos.

La relación México-China es valiosa por diversas razones. De acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), es el segundo socio comercial más importante de México, con un comercio bilateral que en el 2016 alcanzó un valor de casi 75,000 millones de dólares, siendo esta relación principalmente de exportaciones de China hacia México.

Irrumpir en el mercado mexicano ha sido un proceso relativamente fácil para las empresas chinas. Según un artículo de la filial mexicana de la consultora Deloitte, pronto se puede observar un incremento en las exportaciones que se hacen de México hacia China, debido a los avances en la relación comercial entre ambos países, lo que podrían ayudar a ampliar la relación comercial en el corto plazo.

Además en el hipotético caso de que el TLCAN tenga resultados no favorables para nuestro país, las empresas multinacionales con operaciones en México utilicen parte de su capacidad instalada en abastecer al mercado chino.

Sin embargo, para poder crear una relación de largo plazo con el gigante asiático, se deben resolver algunos asuntos, advierte Deloitte en su artículo. Uno de ellos es que China tiene un nivel mucho más desarrollado que muchos países del mundo en temas de comercio electrónico. Estos factores requieren de un mayor esfuerzo para que nuestros productos.

El segundo de los principales desafíos que las compañías nacionales que buscan conquistar el mercado chino deben tomar en consideración es el volumen, pues al ser una región tan grande, nuestra capacidad de exportación, de satisfacer de manera constante la demanda local.

El tercer punto es que para que México sea una opción como un origen de productos manufacturados, debe generar las ventajas competitivas necesarias para que un grupo multinacional decida utilizar nuestro país como el lugar desde el cual abastecerá el mercado chino.

Deloitte, sin embargo, no es tan optimista. La consultora cree que como país, la expectativa realista es que las historias de compañías que logren entrar con éxito al mercado chino son de casos individuales o de sectores muy específicos, más que una alternativa generalizada para las exportaciones mexicanas.

Pero el futuro comercial mexicano no debe esperar a depender nuevamente de un país destino, sino de encontrar la manera de generar diversidad en los destinos de los productos mexicanos o de los manufacturados en este país.

Fuente: ruy.rebolledo@eleconomista.mx
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