Si dejé huella en la música, la gente lo dirá: Willie Colón

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Pensando en el retiro tras haber sido uno de los principales protagonistas de la música popular caribeña, alejado de la política, pero no del activismo social, dedicado a escribir sus memorias y a producir grupos emergentes de la salsa, Willie Colón (Nueva York, 1950) reflexiona sobre los 50 años de oficio y compromiso que celebra en 2017 con conciertos.

“Pienso que hice todo lo que me permití y hasta lo que no. Si dejé alguna huella en la música e inscribí a otros en ella, no seré yo quien lo diga, ahí están los testimonios de la gente y los materiales impresos. Lo mismo será con mi pensamiento político, en los que unos estarán de acuerdo y otros no (…). Después de 50 años en esto siento que ha sido una vida enriquecedora. He experimentado con otras carreras, otras profesiones, viajado a muchos países, me ha escuchado mucha gente y después de tantas experiencias acumuladas me veo ahora con un peso y un poder que no entiendo. Lo único cierto de todo esto es que sigo con las mismas creencias de igualdad para todos, las mismas con las que desperté a mi oficio.

Siento que si en un principio tuve una actitud rebelde, de choque, diciendo las cosas que muchos no querían escuchar, que no eran políticamente correctas, ahora, los años y la experiencia me obligan a usar una táctica más conservadora, pero sin dejar de pensar lo que siempre he pensado. Uno tiene que seguir siendo congruente, no retroceder. No tener miedo a perder, porque todo es parte del juego.

Hacia el aeropuerto

Colón cumplió con los conciertos de aniversario brindados en la Ciudad de México (CDMX) y parte complacido a reunirse con su familia en su residencia neoyorquina. Luce fresco y jovial. La charla que da en exclusiva para La Jornada se da en el trayecto del hotel al aeropuerto.

Han sido tres buenos conciertos, comenta en referencia al que brindó en Guadalajara (29) y los dos en la capital mexicana (sábado primero de julio). Trabajar en México, un país al que admiro y respeto, me complace siempre, por el público y el cariño con que me reciben. Aunque la altura de la ciudad me pega cada vez más.

Confiesa que ahora le cuesta más subir a un escenario. Tengo problemas con las rodillas, mismos que me impiden permanecer mucho tiempo de pie o avanzar largas distancias… son los años, comenta. Cumplí 67 y celebro la entrada a los 68, por eso pienso en tener una vida más sosegada. Mi sueño es retirarme a una finquita a criar gallinas y sembrar hortalizas, señala entre risas, mientras busca un caramelo en sus bolsillos. Es el espíritu guajiro de mi abuelita Toña.

Con el dulce en los labios reflexionó sobre el pretendido retiro. Luego afirmó: Quiero escribir más y no viajar tanto. Dedicar más tiempo a la familia y atender proyectos de índole social que he dejado postergados. Uno es la creación de un sistema de promoción cultural que incluye ediciones de libros, discos, programas de televisión y producciones fílmicas, para la comunidad latina. Mi inquietud es contribuir a mejorar la imagen del latino y a elevar su autoestima. Necesitamos que nuestra gente se fortalezca espiritual y culturalmente para emprenderla contra ese juego malicioso en el que hemos estado siempre y que se intensificó con la llegada de Donald Trump.

Esas tareas, señaló, las emprenderá alejado de la política. Ya no más con eso. He tenido cargos políticos, he apoyado campañas de políticos y después de haber bregado en ello y de saber lo que sé del tema y sus organizaciones he optado por alejarme de toda esa mierda. Soy apartidista. No creo en nadie. Soy una especie de ateo de la política, porque todo es un juego, una simulación. El propósito de los políticos es tener a la gente peleando entre sí y mientras se está liando a guantazos, ellos se mantienen en su juego de simulacros en el que nada cambia.

Colón, quien militó en el Partido Republicano, por el que se postuló en tres ocasiones al Congreso estadunidense y una a la vicealcaldía de Nueva York, ve ahora cómo ese partido vive una suerte de dicotomía.

“El conflicto actual al interior del partido es que unos apoyan a Trump y otros no. Él no es republicano, ganó con ese partido, pero no es miembro de él, ni de ningún otro, porque no cree en nada. Su política, su filosofía y su filin es el dinero. En eso es muy bueno. Hay que mirar como se expresa, como se conduce… es un tipo burdo, de escasos recursos intelectuales y culturales. Es un autista gobernando un país poderoso, como Estados Unidos. Lo peor es que hay mucha gente que lo apoya y de seguro lo relegirá. Por eso, nosotros, los latinos en Estados Unidos debemos estar muy pendientes, muy alertas a su juego y corresponder con inteligencia porque ese tipo está loco”.

En tal sentido enfatiza que en sus conciertos, sobre todo los que da en Estados Unidos, procura crear conciencia de la importancia que reviste la legalización de su estancia allí y, sobre todo, cuidarse de la migra que no perdona.

Actualmente, es integrante de la Junta de Consejo de la Asociación Libre de los Emigrantes Latinos en Estados Unidos y de la Junta Policial de Nueva York. “Eso me permite estar cerca de la problemática de los migrantes y de cómo ayudarlos. Como sheriff de Nueva York realizo una labor sobre la justicia en las calles y qué hacer para mejorarla”.

Al llegar al aeropuerto se produjo un pequeño barullo de gente que lo reconoció. Lo de siempre: fotos, autógrafos y apapachos.

Sigue caminando y habló de su libro. “Por fin lo terminé. Lleva por título Barrio de guapos, la vida secreta de Willie Colón. Espero lanzarlo a finales del verano o principios de otoño. Llevará un disco con temas selectos de mi repertorio. Un proyecto que me llevó 15 años y eso me da mucha satisfacción. Es una suerte de biografía novelada en el que narro la historia de los puertorriqueños en Estados Unidos, desde que llegaron a la fecha. Los antecedentes, los problemas de ser un estadunidense marginado; mi familia, mis amigos, la música, el negocio de ésta; mi vida con Héctor Lavoe, Rubén Blades, mis relaciones con otros artistas y la política. Ya sabes, mis opiniones sobre este último tema me han costado muchas enemistades. Pero son cosas que no puedo dejar de decir. No puedo quedarme callado”.

Para finalizar, se refirió a tres proyectos musicales en los que está comprometido: el sello discográfico llamado Willie Colón presenta, en el que producirá y publicará grupos emergentes de la salsa neoyorquina; el lanzamiento de todo su catálogo discográfico (que incluye sus trabajos como director y productor), el cual ha recuperado por la vía legal, y el funcionamiento de una escuela de música en el Bronx.

 

Pensando en el retiro tras haber sido uno de los principales protagonistas de la música popular caribeña, alejado de la política, pero no del activismo social, dedicado a escribir sus memorias y a producir grupos emergentes de la salsa, Willie Colón (Nueva York, 1950) reflexiona sobre los 50 años de oficio y compromiso que celebra en 2017 con conciertos.

“Pienso que hice todo lo que me permití y hasta lo que no. Si dejé alguna huella en la música e inscribí a otros en ella, no seré yo quien lo diga, ahí están los testimonios de la gente y los materiales impresos.

Lo mismo será con mi pensamiento político, en los que unos estarán de acuerdo y otros no (…). Después de 50 años en esto siento que ha sido una vida enriquecedora. He experimentado con otras carreras, otras profesiones, viajado a muchos países, me ha escuchado mucha gente y después de tantas experiencias acumuladas me veo ahora con un peso y un poder que no entiendo.

Lo único cierto de todo esto es que sigo con las mismas creencias de igualdad para todos, las mismas con las que desperté a mi oficio. Siento que si en un principio tuve una actitud rebelde, de choque, diciendo las cosas que muchos no querían escuchar, que no eran políticamente correctas, ahora, los años y la experiencia me obligan a usar una táctica más conservadora, pero sin dejar de pensar lo que siempre he pensado.

Uno tiene que seguir siendo congruente, no retroceder. No tener miedo a perder, porque todo es parte del juego. Hacia el aeropuerto Colón cumplió con los conciertos de aniversario brindados en la Ciudad de México (CDMX) y parte complacido a reunirse con su familia en su residencia neoyorquina. Luce fresco y jovial. La charla que da en exclusiva para La Jornada se da en el trayecto del hotel al aeropuerto. Han sido tres buenos conciertos, comenta en referencia al que brindó en Guadalajara (29) y los dos en la capital mexicana (sábado primero de julio). Trabajar en México, un país al que admiro y respeto, me complace siempre, por el público y el cariño con que me reciben.

Aunque la altura de la ciudad me pega cada vez más. Confiesa que ahora le cuesta más subir a un escenario. Tengo problemas con las rodillas, mismos que me impiden permanecer mucho tiempo de pie o avanzar largas distancias… son los años, comenta. Cumplí 67 y celebro la entrada a los 68, por eso pienso en tener una vida más sosegada.

Mi sueño es retirarme a una finquita a criar gallinas y sembrar hortalizas, señala entre risas, mientras busca un caramelo en sus bolsillos. Es el espíritu guajiro de mi abuelita Toña. Con el dulce en los labios reflexionó sobre el pretendido retiro. Luego afirmó: Quiero escribir más y no viajar tanto.

Dedicar más tiempo a la familia y atender proyectos de índole social que he dejado postergados. Uno es la creación de un sistema de promoción cultural que incluye ediciones de libros, discos, programas de televisión y producciones fílmicas, para la comunidad latina. Mi inquietud es contribuir a mejorar la imagen del latino y a elevar su autoestima. Necesitamos que nuestra gente se fortalezca espiritual y culturalmente para emprenderla contra ese juego malicioso en el que hemos estado siempre y que se intensificó con la llegada de Donald Trump.

Esas tareas, señaló, las emprenderá alejado de la política. Ya no más con eso. He tenido cargos políticos, he apoyado campañas de políticos y después de haber bregado en ello y de saber lo que sé del tema y sus organizaciones he optado por alejarme de toda esa mierda. Soy apartidista. No creo en nadie. Soy una especie de ateo de la política, porque todo es un juego, una simulación.

El propósito de los políticos es tener a la gente peleando entre sí y mientras se está liando a guantazos, ellos se mantienen en su juego de simulacros en el que nada cambia. Colón, quien militó en el Partido Republicano, por el que se postuló en tres ocasiones al Congreso estadunidense y una a la vicealcaldía de Nueva York, ve ahora cómo ese partido vive una suerte de dicotomía.

“El conflicto actual al interior del partido es que unos apoyan a Trump y otros no. Él no es republicano, ganó con ese partido, pero no es miembro de él, ni de ningún otro, porque no cree en nada. Su política, su filosofía y su filin es el dinero. En eso es muy bueno.

Hay que mirar como se expresa, como se conduce… es un tipo burdo, de escasos recursos intelectuales y culturales. Es un autista gobernando un país poderoso, como Estados Unidos.

Lo peor es que hay mucha gente que lo apoya y de seguro lo relegirá. Por eso, nosotros, los latinos en Estados Unidos debemos estar muy pendientes, muy alertas a su juego y corresponder con inteligencia porque ese tipo está loco”.

En tal sentido enfatiza que en sus conciertos, sobre todo los que da en Estados Unidos, procura crear conciencia de la importancia que reviste la legalización de su estancia allí y, sobre todo, cuidarse de la migra que no perdona.

Actualmente, es integrante de la Junta de Consejo de la Asociación Libre de los Emigrantes Latinos en Estados Unidos y de la Junta Policial de Nueva York. “Eso me permite estar cerca de la problemática de los migrantes y de cómo ayudarlos.

Como sheriff de Nueva York realizo una labor sobre la justicia en las calles y qué hacer para mejorarla”. Al llegar al aeropuerto se produjo un pequeño barullo de gente que lo reconoció. Lo de siempre: fotos, autógrafos y apapachos.

Sigue caminando y habló de su libro. “Por fin lo terminé. Lleva por título Barrio de guapos, la vida secreta de Willie Colón. Espero lanzarlo a finales del verano o principios de otoño.

Llevará un disco con temas selectos de mi repertorio. Un proyecto que me llevó 15 años y eso me da mucha satisfacción. Es una suerte de biografía novelada en el que narro la historia de los puertorriqueños en Estados Unidos, desde que llegaron a la fecha.

Los antecedentes, los problemas de ser un estadunidense marginado; mi familia, mis amigos, la música, el negocio de ésta; mi vida con Héctor Lavoe, Rubén Blades, mis relaciones con otros artistas y la política. Ya sabes, mis opiniones sobre este último tema me han costado muchas enemistades. Pero son cosas que no puedo dejar de decir.

No puedo quedarme callado”. Para finalizar, se refirió a tres proyectos musicales en los que está comprometido: el sello discográfico llamado Willie Colón presenta, en el que producirá y publicará grupos emergentes de la salsa neoyorquina; el lanzamiento de todo su catálogo discográfico (que incluye sus trabajos como director y productor), el cual ha recuperado por la vía legal, y el funcionamiento de una escuela de música en el Bronx.

Fuente. La Jornada/Ernesto Márquez
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