Exhiben 26 oleos en los que Frida inmortalizó su dolor

El museo Dolores Olmedo inaugura una muestra en la que presenta los primeros trabajos de la pintora; la recuerdan a 110 años de su nacimiento

Nada es negro, realmente nada”, escribió Frida Kahlo en su diario. Y es que el equilibrio entre el dolor y la esperanza es una de las claves para analizar la imagen de la artista, fuente de un interés inagotable que bebe, en parte, del mito creado alrededor de ella.

Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón nació el 6 de julio de 1907 en la Casa Azul del barrio de Coyoacán, el mismo lugar que la vio morir en 1954. Dejó atrás dos centenares de obras, un romance tan pasional como tormentoso con Diego Rivera y la huella de un carácter rebelde que rompió con los convencionalismos de la época.

A 110 años de su natalicio el Museo Dolores Olmedo presenta una muestra retrospectiva sobre la incursión de Kahlo en la pintura y el dibujo que nos remite a sus primeros acercamientos con el arte.

Porque soy lo mejor que conozco, una colección de 26 piezas que ya han sido expuestas en el museo Fabergé, el Seoul Arts Center y el Museo Dalí, regresan a las salas del recinto ubicado en Xochimilco.

La muestra intenta ser un testimonio de las primeras incursiones de Frida en el oficio que la sanará, la transformará y la perpetuará como ícono de arte.

Para la académica Eli Bartra, el reconocimiento tanto nacional como internacional que se hace de Kahlo tiene una parte “legítima”, pero también otra que responde a la “mercadotecnia” y que deja en segundo plano el valor de su producción artística.

La profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana, autora de Frida Kahlo. Mujer, ideología, arte, destacó que el mito surgido alrededor de la artista nació fundamentalmente en EU y Europa, donde “la voltean a ver y la encuentran sumamente exótica, impactante y crítica, aunque no es lo crítico lo que les interesa”.

La obra de quien escribiera en una de sus pinturas la memorable frase “Viva la vida” está marcada por la presencia del dolor. De pequeña, Kahlo contrajo poliomielitis y a los 18 años su vida dio un vuelco cuando el tranvía en el que viajaba chocó con un autobús.

En el incidente se fracturó la espina dorsal y varios huesos, lo que le hizo permanecer en cama durante meses; por puro aburrimiento, según decía, comenzó a pintar, con lo que dejó de lado su idea de estudiar medicina.

El dolor físico lo inmortalizó en óleos como La columna rota, un autorretrato en el que su torso se abre en dos para mostrar una columna griega que se quiebra en su interior.

Mientras que el sufrimiento psicológico también brota en sus creaciones, como se ve en Henry Ford Hospital, pintura en la que plasma uno de los abortos que tuvo en la ciudad de Detroit; no poder tener hijos fue una de sus grandes frustraciones.

Fuera de México llamó la atención la historia de “la ‘pobre mujer’ del tercer mundo que, a pesar de todo, es la gran artista; es simple sensacionalismo”, refiere la profesora sobre la que considera que es la parte más “nefasta” alrededor de Kahlo.

Por su parte, Josefina García, directora de colecciones y servicios educativos del Museo Dolores Olmedo —que cuenta con una de las colecciones más importantes de Kahlo —, dice que la suma de la dimensión artística y comercial constituye la “riqueza” de su figura.

De acuerdo con García, Kahlo acapara tanta admiración entre los visitantes porque entre éstos y ella se llega a forjar un vínculo.

Fuente. La Razón/Redacción
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