Mexicanos recolectan organismos a 3 mil 500 metros de profundidad del Golfo de México

Hallazgo histórico. Científicos del Cinvestav, UNAM, Ecosur y CICESE recolectaron organismos microscópicos y otros de mayor tamaño parecidos a medusas, lombrices, camarones y peces alargados. Es la primera vez que sabemos qué seres vivos hay en las zonas profundas de los mares de México, dice Víctor Manuel Vidal Martínez, investigador del Cinvestav

En lo que se considera ya un hallazgo histórico, científicos mexicanos colectaron por primera vez organismos vivos a 3 mil 500 metros de profundidad en el fondo del Golfo de México. Nunca en la historia de la oceanografía de este país se habían localizado formas de vida a esa distancia de la superficie, las cuales deben soportar temperaturas cercanas a la congelación y altas presiones de hasta 300 atmósferas (equivalentes a 309 kilogramos por centímetro cuadrado).

El hallazgo fue posible gracias a la colaboración de investigadores del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) Unidad Mérida; de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Unidad Sisal; del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) y de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

Algunos de estos organismos son microscópicos y otros pueden ser percibidos a simple vista y son parecidos a medusas, lombrices, pequeños camarones y peces alargados. Existe la posibilidad de que algunos de estos organismos sean capaces de degradar petróleo, pues habitan en zonas donde hay flujos naturales de hidrocarburos llamado Volcanes de asfalto. La colecta de microorganismos se realizó durante una expedición en el Buque Justo Sierra, de la UNAM, y forma parte de las exploraciones del Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM).

Esta investigación aporta evidencia de la vida marina a esas profundidades, con el propósito de determinar el estado de salud de estos ecosistemas, en vísperas del desarrollo de extracción petrolera en esta zona.

VIDA ABISAL. Víctor Manuel Vidal Martínez, investigador del Cinvestav Unidad Mérida, que formó parte del equipo de exploración, explicó que este logro científico, que para muchos puede parecer trivial, significa que por primera vez se tiene la oportunidad de saber qué organismos hay en las zonas más profundas de los mares de México.

Lejos de las costas, a 2 mil metros de profundidad, inicia una zona del mar que es conocida como la zona abisal, en la que hay grandes llanuras y cañones, todos oscuros y fríos. En esa zona del planeta habitan formas de vida extraordinarias. En esos mares abisales hay también volcanes activos; algunos de los cuales arrojan lodos, lava o petróleo.

La recolección de formas de vida en esas profundidades por parte de los investigadores se logró durante una campaña oceanográfica en la región de Perdido, frente a la costa de Tamaulipas y limitando al norte con la frontera marina de Estados Unidos, para medir la hidrología, recolectar muestras de agua, sedimentos y organismos de la zona.

La región de Perdido es un reto para la investigación, porque su lecho marino es muy accidentado, con cambios pronunciados en el relieve que hacen difícil la toma de muestras de macrofauna bentónica mediante arrastres con redes de pesca. El terreno en el talud continental tiene montañas submarinas y caídas abruptas a lo largo del llamado “cinturón plegado de Perdido”.

Con el uso de equipos especializados para registrar y mapear el fondo marino, instalados en el Buque Justo Sierra de la UNAM fue posible localizar plataformas adecuadas con el objetivo de realizar arrastres de fondo, y con un cabo Kevlar suficientemente largo se logró realizar estas maniobras de hasta 10 mil metros.

OLAS EN LA OSCURIDAD. En las profundidades que trabajó el equipo de Cinvestav, UNAM y Ecosur, el conjunto de las condiciones del fondo marino, la naturaleza de las corrientes y las características del oleaje en cada estación son factores que deben tomarse en cuenta para diseñar la maniobra de muestreo con “trineo de arrastres” y poder así tomar muestras a esas profundidades.

De acuerdo con el investigador del Cinvestav, aún será necesario revisar cuidadosamente el material para confirmar qué especies se están encontrando, cuáles de éstas son nuevas y las condiciones en las que viven en su ecosistema.

Esta información abre la oportunidad de considerar la presencia de organismos pocas veces observados, que forman parte de la biodiversidad mexicana, y que demuestran una vez más, el gran potencial de la vida para abrirse paso en las profundidades marinas.

El trabajo de investigación forma parte del proyecto denominado “Implementación de redes de observaciones oceanográficas (Físicas, Geoquímicas, Ecológicas) para la generación de escenarios ante posibles contingencias relacionadas a la exploración y producción de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México”.

Este proyecto fue una de las respuestas de México ante la falta de información que había tras el derrame petrolero registrado en el año 2001, por la explosión e incendio de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en las aguas del Golfo de México, dentro de la jurisdicción de Estados Unidos.

Leopoldina Aguirre, coordinadora del Proyecto en el Cinvestav, dijo sentirse emocionada con el logro obtenido en aguas profundas del Golfo de México y manifestó la motivación existente en su equipo para continuar con las investigaciones.

Además, señaló que el Cinvestav Unidad Mérida cuenta con cerca de tres décadas estudiando el Golfo de México y en especial la Sonda de Campeche, a través de diversos servicios prestados a Petróleos Mexicanos, experiencia que ha sido útil tanto en la preparación para el diseño de muestreos en la zona de aguas profundas de Perdido. “Avanzamos hacia un conocimiento más amplio y sólido sobre lo que está sucediendo en el Golfo de México”, aseguró.

El Consocio de Investigación del Golfo de México (CIGoM) que participa en el crucero oceanográfico es encabezado por Cecilia Enríquez Ortiz, de la UNAM-Sisal y Víctor Manuel Vidal Martínez del Cinvestav Unidad Mérida, y cuenta con la participación de investigadores del Ecosur y Cicese, así como de la tripulación del Buque Justo Sierra, encabezada por el capitán Leobardo Ríos Mora.

Fuente: La Crónica/Antimio Cruz
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