Pintor mixteco transforma leyendas nahuales en íconos del arte mexicano

Carlos Bazán recrea los paisajes naturales de Oaxaca; con figuras simbólicas explora las formas de brujos que se convierten en animales; influenciado por Tamayo y Rodolfo Morales, recupera el folklore local

El jueves pasado, la galería-estudio Mariana García, con sede en la colonia Polanco de la Ciudad de México, abrió sus puertas al artista plástico Carlos Bazán (San Cristóbal Suchixtlahuaca, Oaxaca, 1993) con su exposición Sempiterno conformada por 16 cuadros (pequeño y mediano formato) habitados por la floresta y la fauna (pájaros y venados) de una Oaxaca mágica custodiada por la luminosidad.

Árboles de ramajes milagrosos que se empinan sobre el mundo. Pájaros garzos que se arquean y configuran espirales en el vuelo. Venados de cornamentas ebrias en armilla espesa con máscara humana y ramo de violetas en sus manos (fábula mesoamericana Nahual). Luz que se desborda: acecho del albor en amarillo punzante, rosa de tierna provocación y azulino borrascoso. En la orilla de la vereda el soto se tuerce y extiende el morado de sus hojas al meridiano norte. Nobleza extendida sobre un paño de porosidades hambrientas: los cuadros de Bazán son, más que todo, inocencias reclamantes.

Irradiación danzante, juguetona, traviesa y rítmica: un arcoíris trenza los troncos de estos tentadores macizos: madera en soflama colorida. Los boscajes de este joven artista, hijo de Suchixtlahuaca (El llano de las flores), se bifurcan en vilo sobre la armonía de un vals istmeño y en la consonancia de un bolero de radiante tristeza piadosa. Contrastes que aúnan todos los rubores para decretar un espiritual cosmos ardoroso y acariciante. Gradaciones suscritas en azogues que brotan de la tierra y emulan los fulgores del cielo. Bazán nos avisa que el domicilio de la refulgencia solar está en la tierra: el cielo, reflejo de quimeras terrenales.

“No creo formar parte de una ‘nueva escuela de la pintura oaxaqueña’. El universo que plasmo en mis cuadros forma parte de mis tradiciones, de mi infancia, de mitos que me nutren. En esta exposición he recurrido a una leyenda mixteca que dice que de la unión de dos árboles surgió el primer ser humano, las flores, las plantas y los animales”, comentó en entrevista con La Razón, Carlos Bazán.

¿Cómo comenzó a pintar? Un día vi un cuadro de Enrique Martorell y me dije: quiero pintar así. Tuve la suerte de estudiar dibujo con él y con Jesús González Gutiérrez. Me he formado bajos los influjos de Rodolfo Morales y Tamayo: me alimento de su virtuosismo en el manejo del color. Siqueiros y Rivera han sido muy importantes en la disposición formal de mis obras. Admiro a Jackson Pollock.

¿Qué técnicas usa usted? Técnica mixta sobre tela, acrílica, óleo, carboncillo, pastel, fresco y aerosol…

¿Qué pasó recientemente en Miami con su obra? Mis cuadros han tenido muy buena recepción, despiertan curiosidad. En el Centro Cultural de Arte Hispano, Miami, despertaron mucho interés en los críticos y coleccionistas. Ha pasado lo mismo en España, Los Ángeles, Luxemburgo, Alemania, Monterrey, Oaxaca y Cozumel. Presentaré próximamente Sempiterno en Cuba, Argentina y Brasil.

¿Ha trabajado el mural y el grafiti? Tamazulapam: Región Mixteca; y Yucundaa y su historia, el cual está en San Pablo Teposcocula. Con el grafiti dejé mi cuño en paredes de Oaxaca y de mi pueblo.

 Fuente: La Razón/ Carlos Olivares Baró
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