En hogares mexicanos se destina 4.4% del gasto total para cuidado de niños y ancianos

Ciudad de México. En América Latina, el cuidado tanto de niños como adultos mayores así como las tareas del hogar, necesidades que son irreductibles y que en conjunto se denominan “sector del cuidado”, aportan entre 5 y 10 por ciento del empleo total de la región, un porcentaje que se ha mantenido estable porque la mayoría de la población, sobre todo de los niveles con menores recursos económicos, no tienen acceso a los servicios estatales de seguridad social ni pueden pagar a otras personas que se hagan cargo de dichas tareas por los bajos salarios que perciben pese al tiempo que dedican al trabajo, indica un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el caso de México, en los hogares pobres cuya jefatura está a cargo de los hombres se destina 4.4 por ciento del gasto total a dichos cuidados, pero el porcentaje se eleva 4.6 por ciento si quienes encabezan los hogares son mujeres. En los hogares “no pobres”, esa proporción se eleva a 6 por ciento en el caso de las jefaturas masculinas y 6.5 por ciento con las mujeres al frente.

Si hay un anciano en el hogar, el gasto sube hasta 8.7 por ciento respecto al gasto total hecho por las familias mientras que donde no los hay es de 5.9 por ciento como promedio general, detallan las estadísticas presentadas en el estudio Protección social en América Latina, a cargo de Ana Sojo.

En promedio, en los países de América Latina el gasto en los cuidados como proporción del gasto total que realizan los hogares equivale al 4.8 por ciento, pero en el quintil uno, referido a la quinta parte de población con menores ingresos baja a 4.2 por ciento y en el quintil 5 sube a 5.3 por ciento.

“El cuidado proporciona tanto subsistencia como bienestar y desarrollo. Abarca la indispensable provisión cotidiana de bienestar físico, afectivo y emocional a lo largo de todo el ciclo vital de las personas además de estimulación de los fundamentos cognitivos en la infancia y la búsqueda – en la medida de lo posible – de la conservación de las capacidades en el caso de las personas frágiles en edad avanzada”, destaca el documento.

Refiere que hay cinco categorías sociales del trabajo no remunerado que se realiza en el seno familiar: los niños, los enfermos, las personas de edad, los sobreocupados en la producción del mercado y los autoconsumidores. Los tres primeros son “insolventes” porque no pueden pagar a precio de mercado la asistencia y precisan de la familia, voluntarios o los servicios públicos del Estado para satisfacer sus necesidades de manera gratuita.

En tanto los “sobreocupados” venden su tiempo en el mercado laboral y a veces pueden pagar los servicios de cuidado. Sin embargo, “la mayor parte de las personas de ingresos bajos y medios, sobre todo mujeres, deben proveerse su propio cuidado y el de su familia, porque el nivel de salarios y la cantidad de trabajo que venden al mercado además de otros componentes culturales, no les permiten adquirir los servicios de cuidado”.

Fuente: La Jornada/Susana González G.

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