México desaprovechó oportunidades de desarrollo del TLCAN: especialista

No trascendió su actividad comercial ni manufacturera, como lo hicieron Corea del Sur y China: Norma Samaniego ◗ “Hizo falta una mejor estrategia para la inserción en el mercado mundial”

México no sacó provecho al Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN). Pudo utilizar la plataforma de la manufactura, como Corea del Sur y ahora China, para aspirar a mayores beneficios de la población, pero sus gobiernos no tuvieron la visión para hacerlo. Ahora, ¿qué se puede rescatar de este acuerdo comercial que, muy contrario a lo que ha manifestado el ahora presidente de EU, Donald Trump, no ha sido del todo benéfico para nuestro país? Un cambio en la estrategia de desarrollo, una respuesta tan sencilla de decir, como difícil de alcanzar.

Lo anterior, formó parte de la exposición de la doctora Norma Samaniego, consejera del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo (PUED) de la UNAM, durante el foro “La UNAM y los desafíos de la nación”, con el tema “Economía: Por un crecimiento económico sostenido y un desarrollo sustentable”, que se llevó a cabo ayer en la Facultad de Economía.  

Inicialmente, la economista enfatizó que los efectos del acuerdo económico no son simplistas, como lo ve y define el presidente de EU, quien ha referido que ha sido unilateralmente ventajoso para México, por lo que debe de renegociarse. “Eso es falso y debió de aclararse en su momento”. 

Los más beneficiados del TLCAN, añadió, han sido las multinacionales estadunidenses, así como los consumidores de la región, debido a la mayor oferta y reducción aranceles; no obstante, los efectos en empresas pequeñas, trabajadores y localidades, no han sido homogéneos y han variado en el transcurso del tiempo. “Ha habido efectos positivos y negativos en los tres países en distintos momentos, territorialmente los efectos fueron desiguales. Trump culpa a México de la pérdida de empleo en el sector manufacturero, principalmente el automotriz, así como de un déficit comercial, pero el empleo manufacturero ya decaía desde antes”.

La especialista —consultora externa de gobiernos y organismos internacionales como el Banco Mundial, el BID, la OCDE, la CEPAL, la OIT— enfatizó que el repunte económico de México en el sector vino después de la crisis desatada por EU en 2008, entonces para sobrevivir, las industrias automotrices trajeron a México muchos más de sus procesos de manufactura, lo cual en buena medida salvó al sector de la quiebra. 

¿QUÉ SALIÓ MAL? Samaniego expuso que el tipo de globalización extendida por el mundo fue sobrevendido, y si bien trajo importantes ventajas derivadas de la ampliación de los flujos comerciales y de capital, en algunos casos mayores oportunidades y movilidad de la mano de obra, no se debe ignorar que ha habido costos que no se anticiparon ni advirtieron y no han sido atendidos. 

Por lo tanto, la economista recalcó una pregunta global: ¿Es posible que la globalización funcione en beneficio de todos? “No se trata de volver atrás y cancelarla, la pregunta es si es posible que actúe en beneficio de la humanidad y no unos cuantos. Tiene un potencial enorme para hacerlo: la actividad exportadora de China, por ejemplo, le permitió salir de la pobreza en poco tiempo. Esto no significa que no haya habido perdedores, que son muchos”. 

La ex secretaria de la Contraloría y Desarrollo Administrativo durante el gobierno de Ernesto Zedillo, puntualizó que los efectos de la globalización para un país dependen de su forma en que se inserta en el mundo. 

Las lecciones para México de esta experiencia en el mercado global son varias y esenciales para dar otro rumbo. Una de estas lecciones, dijo, es que el tipo de inserción que tenemos en la globalización no es sostenible: el modelo escogido está centrado en tareas de ensamblaje del sector manufacturero enfocado a un país (EU), con mano de obra barata escasamente calificada, que compite en todo el mundo con países de bajos salarios, pero que es un modelo sustituible por la mecanización. “Somos uno de los países con más riesgos por sustitución de maquinaria, sujeto a volatilidad, donde el impacto en el desarrollo tecnológico y la derrama económica y social han sido muy bajos”.

Otra lección es que en el proceso se pensó que la apertura económica lo haría todo y se descuidó el mercado interno, anulando un instrumento clave de la política de desarrollo. “La rápida y acrítica apertura comercial, sin el acompañamiento de una clara estrategia industrial, renunció a la política interna”. 

Ahora, es necesario reconstruir el papel del Estado como estratega en el impulso al desarrollo, puntualizó Samaniego. “El TLCAN ha sido importante, pero no se le sacó provecho. No se le cuestiona que se haya buscado un acuerdo con la mayor economía del mundo, con la que México tiene una gran frontera, sino que el tratado haya sustituido a la estrategia de desarrollo, que no se haya sabido escuchar la plataforma inicial del tratado para escalar acuerdos de complementariedad productiva en otras ramas, o esquemas de migración reglamentada; además, nuestra economía se enfocó y volvió excesivamente dependiente de las importaciones y exportaciones con un solo país (EU), —somos dependientes de su gasolina y su maíz—”. Hizo falta una visión y estrategia para avanzar a una inserción más favorable en el mercado mundial, tomando a la maquila como un primer escalón, como lo hizo Corea del Sur, Singapur y ahora China, agregó. 

La consultora citó que durante la liberalización del comercio mundial, países como México y Turquía, presionaron los salarios a la baja, mientras que otros, como Corea del Sur,  mantuvieron su política industrial, lo que mejoró su competitividad. “Comenzaron haciendo lo mismo que nosotros, manufactura, pero escalaron de nivel puesto que tenían una estrategia clara a través de nuevas inversiones, incrementos en educación y productividad. En los últimos 30 años, el ingreso per capita de este país se multiplicó siete veces; si nosotros seguimos con un crecimiento per capita tan débil como el actual, necesitaríamos 100 años para duplicarlo”. 

NUEVO DESARROLLO. Ante este escenario, la especialista enfatizó en que México debe de rediseñar su estrategia de apertura e inserción mundial y aprovechar esta coyuntura crítica por la que pasa y replantear el modelo interno de desarrollo. “No podemos caer en la autocomplacencia: hay evidencia de que en los últimos 30 años, el modelo actual no ha generado empleos de calidad al ritmo que lo requiere la población, que hoy atraviesa por un momento especial de su transición demográfica. Se requieren signos claros orientados a promover la convergencia con niveles más elevados de vida que otros países han alcanzado en un mundo globalizado, se requiere un cambio de fondo en la estrategia de desarrollo”. La UNAM, por medio del PUED ha diseñado una estrategia que se puede consultar en www.nuevocursodedesarrollo.unam.mx.

Finalmente dijo que una lección para el mundo, en un momento tan convulso como el momento actual —y citando al economista Thomas Piketty—, es urgente reorientar a fondo la globalización o de lo contrario ganarán los movimientos racistas y supremacistas como los que han surgido en diversas latitudes. “La liberalización del comercio no debe entenderse como un fin, sino como el medio para lograr fines superiores para la humanidad. No debió ser planteado de otra manera”.

Fuente: La Crónica/Isaac Torres Cruz
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