La partería en México tiene un sinnúmero de dificultades para su regulación

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El salón de la Comisión Permanente del Senado de la República quizá nunca había tenido tantos bebés entre sus pasillos y asientos. Algunos están aprendiendo a caminar, otros lloran, e incluso hay quienes son amamantados. Decenas de mamás con sus bebés, también asistieron abuelas y otros familiares, coparon el recinto legislativo en el primer Foro por el derecho a la partería, organizado por el Colectivo Tequio Materno y la senadora Martha Tagle.

El ambiente casi de guardería tiene una justificación y un simbolismo para el acto, se trata de madres, miembros del colectivo, que dieron a luz a sus hijos a través de un parto natural humanizado asistido por una generación de jóvenes parteras. Algunas de ellas fueron atendidas de manera privada en casas de partos o en sus domicilios, donde pagaron una moderada cantidad de dinero, la cual difícilmente podría costear una mujer de escasos recursos. Sus casos han sido exitosos y tienen detrás historias de madres que parieron en sus casas con todas las comodidades, asistidas por parteras y dulas, acompañadas por sus parejas o familiares, y que evadieron la violencia obstétrica que permea los hospitales y centro de salud, principalmente públicos.

Este es un ejercicio de partería privado que ha tomado auge en los últimos años y al que tiene acceso un sector de la población informada y con los recursos para pagarlo. Existe también la práctica de la partería en hospitales y clínicas públicas, así como la partería tradicional, que se realiza principalmente en comunidades rurales e indígenas. Las parteras en estos distintos modelos de atención enfrentan diferentes problemas y complicaciones en la práctica, entre los que tienen en común es la falta de legitimación y reconocimiento a su trabajo.

Ante el aumento desproporcionado de cesáreas en el país, que actualmente es de alrededor del 50 por ciento, la Secretaría de Salud inició la promoción del parto natural entre las instituciones de su adscripción. Desde hace décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que lo más recomendable en las naciones es tener una tasa de entre 10 y 15 por ciento de cesáreas.

De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), cuando la tasa de cesárea se acerca al 10 por ciento a nivel de población, baja el número de muertes maternas y de los recién nacidos; cuando la frecuencia es mayor del 10 por ciento, no mejoran las tasas de mortalidad. Adicionalmente, los partos naturales ofrecen múltiples beneficios a la salud del bebé y la madre, así como la recuperación de ella.

En años recientes, estas organizaciones mundiales han lanzado la alerta por el incremento de cesáreas innecesarias, donde México se encuentra en el cuarto lugar en todo el mundo, es por eso que el país busca insertarse en la tendencia mundial de reducir esta práctica en los casos que no lo ameriten. Para ello, organismos como el Instituto Nacional de Salud Pública, resultados de estudios, y de la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, entre otros, recomiendan la práctica de la partería como una de las opciones más importantes para alcanzar esta meta. Sin embargo, su ejercicio está lleno de complejidades profesionales, legales, administrativas y de percepción pública.

PROFESIONALIZACIÓN. Uno de los retos más básicos que enfrenta la partería en México es la formación de recursos humanos. En el país existen diversas escuelas de enfermería y obstetricia que ofrecen este tipo de especialización, algunas otras dan acreditación, pero sólo hay dos que emiten cédulas profesionales como Técnico Terminal en Partería Profesional, una de ellas en San Miguel de Allende y otra en Tlapa, Guerrero, esta última la única institución pública. Entre las diversas instituciones no hay una homologación de sus planes curriculares ni un orden generalizado sobre la formación de parteras.

De acuerdo con Georgina Sánchez Ramírez, investigadora de El Colegio de la Frontera Sur, especialista en salud de las mujeres y estado actual de la partería en el sureste mexicano, hay aspectos centrales que se deben llevar a cabo para que México incorpore al sistema de salud el libre ejercicio de la partería. “Se necesita una norma técnica de competencias laborales y estandarizar los criterios para reconocer las cédulas de las parteras técnicas y sean reconocidas en todo el país”.

Miriam Padilla está certificada como técnica en partería y aunque tiene una cédula profesional no es suficiente para lograr que le expidan un certificado de nacimiento, este es de los principales problemas a los se enfrentan las parteras. Dentro de los hospitales, relata, su opinión no es tomada en cuenta de manera importante para ejercer el modelo de partería, donde la mayoría de las veces se impone el modelo institucional.

“Las parteras técnicas son absorbidas por el sistema de salud, no tienen autonomía, se rigen por lo que establezcan las instituciones y los médicos”, señala en entrevista Graciela Freyermuth, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) unidad Sureste, quien ha realizado estudios en el área y en salud materna. “Hay ocasiones en que estas parteras ni si quiera atienden partos porque la institución no las toma en cuenta”.

Existen otro tipo de parteras que son profesionales, acreditadas en el extranjero, pero que aquí no tienen certificación, agrega la investigadora, el problema es que no hay un mecanismo para hacerlo por parte de las autoridades sanitarias. “¿Cómo certificas a las parteras cuando muchas veces esto lo hacen los gremios, y no hay uno en este caso? Entonces tienes un problema estructural”.

La experta refiere que la Asociación Mexicana de Partería (AMP) tiene una propuesta, pero dentro de la misma partería profesional hay distintas visiones y eso genera que se mantengan en la indefinición. “Es un problema complejo cuya discusión tiene alrededor de 10 años. Ahora ya hay una organización como la AMP o el colectivo Tequio, pero es el gobierno mexicano el que debe dar los elementos para la certificación y hacer un colegio de parteras —algo que ella propuso hace una década— para lograrlo”.

Por otra parte, dice, se requiere que universidades importantes del país como la UNAM, IPN y Tec, implementen licenciaturas de partería para que obtengan un estatus, se conforme un colegio, y se certifique a las parteras que están dispersas.

Freyermuth acota que aunque las instituciones de salud tengan una posición a favor de la partería, hay un sistema médico con mucha resistencia a profesionalizarla.

Desde hace casi 10 años se logró implementar un código de partera técnica, pero sigue habiendo este tipo de resistencia en los servicios de salud. “No sólo a la partería profesional, sino también hubo un programa en el IMSS con enfermeras obstetras que está a punto de desaparecer porque había mucha resistencia de los médicos a canalizar sus pacientes con ellas”.

La investigadora explica que el 80 por ciento de los servicios que otorgan las instituciones de salud son atención del embarazo y del parto, por lo que es evidente que es un campo en disputa entre médicos generales y parteras. “Las principales consultas de los médicos son la atención del embarazo y parto, que oscilan los dos millones al año, y son las principales causas de egresos hospitalarios”.

CERTIFICADOS DE NACIMIENTO. El problema al que se refiere Miriam Padilla para obtener certificados de nacimiento de los niños puede ser un calvario, menciona. “Ha habido casos donde incluso los padres son acusados de trata de personas y todo porque la partera y ellos tuvieron dificultades para obtener el certificado”. Este tema está directamente vinculado con la certificación de las parteras y la falta de reconocimiento de la cédula profesional de las técnicas.

Freyermuth explica que es un tema complicado porque la certificación de nacimiento antes se hacía en actas, ahora es un certificado y documento de identidad, lo cual requiere de mayor control. Debido a que no hay claridad en las normas, cada jurisdicción resuelve el problema de forma distinta y discrecional.

“A veces pueden solicitar testigos y la presencia de la partera o una docena de requisitos difíciles de cumplir. Aunque hay una normativa, no queda claro qué sucede con los partos en casas, porque el sistema está pensado para partos institucionales, pero en México también hay parteras tradicionales, profesionales y que atienden partos en casa”.

CASAS DE PARTO. En el país hay muchos más problemas para el ejercicio de la partería, como la atención en los traslados de las madres a centros hospitalarios en caso de complicaciones del parto, o el desarrollo de un modelo de casa de partos, las cuales actualmente trabajan casi en la clandestinidad.

Georgina Sánchez ha analizado el tema de las casas de partería, las cuales son viables si se tiene en cuenta que la Comisión Nacional de Arbitraje Médico señala que aproximadamente el 70 por ciento de la población obstétrica no tiene factores de riesgo, su control es simple y no requiere de infraestructura médica.

“Las casas de partería son sitios donde hay las condiciones propias para hacer la práctica, espacios donde puedan caminar las mamás, que tengan cocina, tina de baño y otra serie de elementos para quienes tienen un parto de bajo riesgo”. No obstante, añade, la Secretaría de Salud y Cofepris no les otorgan alguna regulación por lo que están prácticamente en la clandestinidad, a pesar que de no es un trabajo ilegal”.

La investigadora de El Colegio de la Frontera Sur refiere que hay suficientes evidencias científicas en pro de lograr espacios de casas de partería en México, los más conocidos son los de Patricia Janssen, investigador a de la Universidad de Columbia Británica. “Evidenció que los partos planificados en casa por parteras certificadas mostraron menos intervenciones obstétricas y menos violencia en el parto, comparado con los atendidos en hospital. La tasa fue de una muerte por cada mil recién nacidos vivos”.

AVANCE LENTO. De acuerdo con Graciela Freyermuth organizaciones internacionales como la OMS y la OPS empujan el movimiento para promover los partos humanizados, lo cual no quiere decir que las cosas fluyan rápido, al menos en México. “A inicios del gobierno de Vicente Fox se hizo el código de la partera, un súper éxito de la educación técnica”. En 2009 se impulsó una estrategia para el avance de la disminución de la mortalidad materna y se puso como fundamento fortalecer la partería. Pero de 2009 a 2016 se ha avanzado muy poco, dice la investigadora, si acaso ahora hay dos escuelas de formación técnica, pero son insuficientes, todo va muy lento. De seguir así sólo se tendría un impacto dentro de 30 o 40 años, agrega. “En la segunda mitad del siglo pasado el sistema de salud se encargó de desmantelar la partería en el país, tardaron 50 años en echarlas para atrás, ahora buscan volver a fortalecerla, casi desde cero”.

Fuente: La Crónica/Isaac Torres Cruz
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