Premian en Rusia a joven filántropo mexicano

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Moscú. Sin ningún ánimo de lucro, y motivado con el único fin de proporcionar una alegría a personas que en realidad no conoce, el joyero mexicano Eduardo Cruz, residente en Zapopan, Jalisco, tiene como pasatiempo –por llamar de alguna manera ese noble gesto– comprar en las subastas internacionales condecoraciones otorgadas a soldados del ejército soviético, que ofrendaron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, para localizar y devolverlas a sus legítimos propietarios, los descendientes del héroe caído.

Hasta ahora, con la colaboración de cerca de 40 entusiastas como él en ocho países, Cruz ha podido devolver a dos familias rusas esas reliquias que daban por perdidas, que por lo común –en los años caóticos de la transición postsoviética– salieron ilegalmente de Rusia tras ser robadas por insensibles delincuentes.

Las medallas de quienes no pueden ser identificados son enviadas como donaciones a museos de Rusia, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores de este país.

Es loable que este mexicano de 28 años tenga esa vocación por hacer el bien sin pedir nada a cambio, acaso su única recompensa sea sentir que ha hecho felices a personas que daban por perdidas las reliquias y que ahora lo consideran prácticamente como miembro de su familia.

Por ello, Cruz se hizo merecedor del premio Juntos Podemos que otorga cada año el prestigiado semanario ruso Argumenti Nediely por hechos dignos de destacar en el ámbito filantrópico.

Cruz, que es el primer extranjero en recibir ese reconocimiento, no pudo viajar a Rusia para recogerlo en persona y solicitó, en emotiva carta en la cual exponía su proyecto La Llama Eterna, cuya copia tuvo acceso La Jornada, al encargado de negocios de la embajada de México, Joaquín Pastrana, recibirlo en su nombre.

Lo fundamenta con estas palabras: “Este proyecto es un pequeño homenaje a aquellos que ofrendaron su vida, durante la Gran Guerra Patria, luchando por la causa más noble en este mundo: la liberación de la humanidad”.

Pastrana, en la ceremonia de premiación, destacó que es un honor que un mexicano sea el primer extranjero en obtener este premio, entregado para Cruz de manos de Galina Yershova, directora del Centro Mesoamericano Knorozov, y del director del semanario, Oleg Zheltov.

El premiado desde Jalisco, mediante un mensaje de video, expresó su agradecimiento y explicó, con una sola rase, sus razones para seguir con esta labor: “Es cierto que no tenemos un idioma común, pero sí tenemos los mismos intereses y valores”.

Fuente: La Jornada/Juan Pablo Duch

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