“El culto a Juárez como héroe popular tuvo tres momentos”

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Símbolo de legalidad, independencia y soberanía, el primer presidente indígena de México es ya un héroe de masas; la historiadora Rebeca Villalobos repasa la creación de su mito

El sólo nombre de Juárez ha llegado a significar una serie de valores que hoy juzgamos incuestionables dentro de nuestra cultura política. “Mediante una serie de imágenes emblemáticas que circularon en la prensa y literatura se creó un culto que está intrínsecamente relacionado a la cultura de masas”, es la premisa de la historiadora Rebeca Villalobos, quien impartió la conferencia El culto al héroe. La construcción retórica y estética de Benito Juárez, 1872-1972, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

Con motivo del 211 aniversario del nacimiento del Benemérito de las Américas, el 21 de marzo de 1806, en Guelatao, Oaxaca, la investigadora explicó el proceso de conversión simbólico y mítico de este personaje en héroe de culto nacional.

Según la académica de la UNAM, el mito de Juárez creció en tres contextos históricos distintos: el culto funerario, inmediatamente después de su muerte en 1872; el culto civil, que empieza a emerger de manera muy franca a partir de 1891; y el culto popular, a partir de los años cuarenta del siglo XX, cuando su figura se vuelve emblema de lo nacional y lo mexicano.

“El héroe no es el individuo histórico. Con frecuencia la persona se convierte en un símbolo de muchas otras cosas. Los héroes son un conjunto de ideas, principios y expresiones muy tangibles que explican características fundamentales de nuestra cultura política. El culto a Juárez involucra todo esto”.

Después de su muerte, declarada a las 23:35 horas del 18 de julio de 1872, el presidente que duró 14 años al mando de una nación convulsa sería objeto de un culto funerario sin igual. Un mes de solemnidades y luto que Villalobos considera “el primer espacio en el que se le reivindica como un símbolo”. En este periodo los sentimientos cobran un papel fundamental. Sus habitaciones en Palacio Nacional fueron declaradas museo y sus muebles y objetos de uso cotidiano exhibidos como parte central de la procesión cívica con el que culminaría la etapa de veneración luctuosa. El acta de defunción se vuelve reliquia y comienza la reivindicación y veneración como un icono de alcance nacional con ampli consenso.

Después comienza a valorarse su legado político. “Cuando uno le habla de Juárez a un niño de 10 años, la única imagen que podría venir a su mente en ese momento sería la de los billetes. Ese proceso de estandarización de la imagen física de Juárez y sus atributos es una consecuencia del culto civil que empieza a emerger de manera muy franca a partir de 1891. “Hay un dato muy concreto que me permitió establecer ese corte. Por primera vez el 21 de marzo de 1891 se empezó a recordar a Juárez en su fecha de natalicio y eso expresó un cambio muy significativo. Ya no era el lamento por la pérdida, sino la celebración de un legado”.

En esta etapa se erige en la parte sur de la Alameda Central de la Ciudad de México el Hemiciclo a Juárez, gran monumento en mármol construido en su honor por Porfirio Díaz. Y también continúa siendo la imagen de los billetes en México, el último de los cuáles, fue puesto a circular en el año 2000.

A partir de 1940 se reivindica su imagen no solo civil sino como parte de un culto popular, en la que Juárez se vuelve emblema de lo mexicano, de la raza. Durante el periodo que comprende de 1910 a 1976, el epíteto de Juárez es el del primer mexicano por excelencia, el símbolo de la raza mexicana o la patria mexicana.

“Después de eso, si figura y mito a lo largo de estos años esta intrínsecamente relacionada a la cultura de masas. Sus aspectos más interesantes vienen de la reconfiguración que los muralistas hicieron de su imagen, reivindicándolo como símbolo de la lucha popular. Lo fundamental es ver las implicaciones retóricas de estas nuevas expresiones en torno a su imagen”.

Su influencia es tal que su frase “El respeto al derecho ajeno es la paz” se vuelve emblema de Latinoamérica, da nombre lo mismo a ciudades en la Provincia de Argentina; a estatuas en Colombia; academias comunitarias en Chicago. Es aclamado hasta en el Congreso de República Dominicana y en su nombre se acuñan monedas conmemorativas de la guerra en Perú. Aquí baste mencionar los millones de calles que en la República Mexicana llevan su nombre y hasta la reinvindicación que el movimiento punk capitalino de los años 80 hizo de él, o la que el Zapatismo de los años 90 acuñó con su imagen.

Fuente: La Razón

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