Murió el genio del dato útil, Alfredo Lamont

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Por más de 60 años, escribió en este diario la columna Sin Maquillaje

periodista y columnista Alfredo Lamont Malvido falleció ayer en la Ciudad de México alrededor de las 19:15 horas a los 97 años por un paro respiratorio, producto de la complicación de una diverticulitis que padeció los últimos años de su vida.

Al colaborador de
Excélsior, reconocido como el decano de los columnistas en agosto de 2014 por el Club Primera Plana, le sobrevive su esposa Elsa de Lamont y cinco hijos.

Lamont publicó su columna en este rotativo, en el que laboró durante 70 años y en donde inició su carrera periodística como traductor en el área de cables noticiosos.

Su hijo Federico Lamont relató en entrevista telefónica que el autor de la columna Sin Maquillaje, que se publicaba en este rotativo de lunes a domingo, creía firmemente en su responsabilidad con este periódico, al que consideraba una institución informativa.

Luego de varios años de colaborar en el área de cables, en la que procuraba traducir la información internacional de manera precisa, Alfredo Lamont debutó como columnista y en la década de 1970 escribió para las tres ediciones de
Excélsior con sus columnas Sin Maquillaje, Preguntas y Respuestas con Lamont y México DF.

También durante 1970 participó en el programa que llevaba el mismo nombre de la columna que escribió hasta su último día de vida, el cual se transmitió por el
canal 8.

En este programa, relató su hijo, contestaba preguntas de los televidentes con la peculiaridad que no se mostraba su rostro, únicamente su cuerpo.

Alfredo Lamont dedicó su carrera periodística a indagar y resolver todo tipo de preguntas de interés general que elaboraban sus lectores, en las que se incluían temas como historia de México, geografía, literatura, filosofía, etimología, vida cotidiana y diversas estadísticas.

“Antes de las computadoras, del mundo de las redes, Don Alfredo dedicaba cuatro y hasta cinco horas a llamar a las instancias gubernamentales, de salud, privadas, organizaciones sociales; hablaba con intelectuales y académicos para aclarar la complejidad de una pregunta y, con ello, que él respondiera con objetividad y, en ocasiones, creando una sinergia con el sentir del lector para no fallar con la responsabilidad que le confirió
Excélsior”, detalló su hijo.
Además de su labor como columnista, presidió el Club de los Amigos del Buen Vino y el Club de los Columnistas del DF, este último durante 40 años, y fue nombrado Cónsul Honorario de Australia.

Publicó los libros Sin Maquillaje, Definiciones, Chisme con soda, DF S.A. y Mil Mini Gourmet.

Federico Lamont remarcó la lealtad permanente de su padre con lo que “él consideró un templo de vida: Excélsior”.

Excelsior/María Fernanda Navarro

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