Ofician la primera misa en náhuatl en la Basílica

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México, DF. En la primera misa en náhuatl en la Basílica de Guadalupe, el obispo de San Cristóbal Felipe Arizmendi Esquivel, lamentó que «en vez de aceptar, respetar, valorar y promover la cultura de nuestros pueblos originarios, en particular su idioma, los hemos despreciado, infravalorado; los hemos calificado de dialectos, como si fueran una subcultura».

En la homilía, Arizmendi Esquivel añadió que «muchos mexicanos quisieran que no existieran más los indígenas; quisieran desecharlos, descartarlos, que fueran sólo un recuerdo de museo» y expuso que eso ocurre debido a que «no los conocen; por eso no los valoran ni les dan su lugar».

El obispo refirió que el pueblo náhuatl necesita «esperanza. Es lo que nuestros pueblos originarios necesitan: esperanza. Tienen historia, tienen cultura, tienen presente y tienen futuro».

Subrayó que los pueblos originarios «no están condenados a desaparecer. No tienen por qué avergonzarse de su riqueza cultural» y «no son desechos en nuestro país. No son descartables. No son signo de atraso. Son esperanza. Tienen mucho que aportar a la sociedad».

Aseguró que «Dios, la virgen y la Iglesia los necesitamos. Mexico no es México sin ellos. Ellos somos nosotros».

A la ceremonia asistieron comunidades de habla Náhuatl provenientes de Puebla, Veracruz, Jalisco, estado de México y Distrito Federal.

La misa fue encabezada por el arzobispo de Puebla, Víctor Sanchez Espinosa y estuvieron presentes también Arizmendi Esquivel, presidente de la Comisión de Cultura de la Conferencia del Episcopado Mexicano y Francisco Escobar Galicia, obispo de Teotihuacán.

Arizmendi Esquivel, indicó que es una «pena, una vergüenza, una injusticia, que hasta ahora el pueblo náhuatl no tenga una Biblia católica, aprobada por la Conferencia Episcopal».

Indicó que al respecto «se han hecho esfuerzos aislados, por parte de agentes de pastoral que tienen un corazón sensible a los derechos del pueblo».

Comentó que algunos han empezado a traducir partes de la Biblia, pero a veces con la «incomprensión de presbíteros, religiosas, del mismo pueblo y aún de algunos obispos», pues dicen que «para qué pierden su tiempo, que eso para qué sirve, que esos idiomas están condenados a desaparecer, ante la invasión de la neocultura globalizante y uniformante».

La Jornada/Carolina Gómez Mena

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