Comparte Serrat noche de recuerdos, sueños y poesía

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Una noche con la música de Joan Manuel Serrat: los sueños del poeta se simbolizan en la caída que reiteraron los filósofos y los vates existencialistas, de Kierkegaard a Unamuno, de Camus a Sartre, quienes profundizaron en el sinsentido de la vida, un sentimiento que a veces hace llorar sin saber por qué, que es un hallazgo impregnado en las letras de canciones como Palabras de amor yAquellas pequeñas cosas.

El pasado viernes, Serrat dio el primero de dos conciertos consecutivos en el Auditorio Nacional del Distrito Federal, como parte de su giraAntología desordenada, a su vez nombre de un volumen de cuatro discos que sintetiza sus primeros 50 años de carrera en los escenarios. Es la selección personal, como también lo es el libro de 120 páginas que acompaña a su nuevo material.

Serrat está influido de Machado, el bueno, Antonio, pues a su hermano Manuel no le ha ido bien con la comparación respecto de su nivel de creación artística, aunque ambos tienen obra maravillosa.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar…, que Serrat musicalizó y popularizó. Esto para satisfacción de Joan Manuel, quien lamenta que el nivel de lectura en el mundo sea, en general, muy pobre y más en el caso de la poesía. ¿Quién lee poesía? Un valor cultural de Serrat ha sido difundir a Machado y a Miguel Hernández.

Puntualidad, gran detalle

Puntual, el concierto comenzó a las ocho y media de la noche, lo cual es un gran detalle porque muchos artistas se hacen del rogar y hacen esperar al público. Muchas gracias por estar aquí. Muchas gracias por haber decidido dedicar una noche de sus vidas a compartirla con nosotros, expresó y se sucedió el recuerdo de lo que se ha sido, los detalles de la niñez, del sabor de los labios de una mujer adolescente, el consejo de los viejos, las pequeñas cosas… que cada quien tiene y opta guardar para sí como algo sagrado.

Algunos asistentes aplaudieron de pie cada pieza y de cada rincón le pedían tal o cual canción. El público también tiene su antología desordenada… y personal respecto de Serrat.

Una idea se queda fija, impresa. como lo dijeron Platón y Valery, y en ciertas circunstancias resurge. Ese es un poder de las canciones de Serrat: provocan el recuerdo de lo íntimo, de los hechos que marcan la vida y que no se cuentan nadie. Se van con el ser como una estela en el mar.

De vez en cuando la vida, una creación que recuerda que la sorpresa puede ser cotidiana, si se abren los ojos, el intelecto, como cuando un niño ve que un mago saca un conejo de un sombrero. La vida puede ser una sorpresa permanente, a pesar de todo.

De cartón piedra, sobre la locura del amor, lo cual es una reiteración, una redundancia, un pleonasmo, una tautología.

Joan Manuel Serrat compartió el poder de sus canciones, las cuales provocan el recuerdo de lo íntimo, de los hechos que marcan la vida, esos que se van con el ser como estelas en la marFoto Notimex

¡Eres un lujo!, le gritó un caballero. Finge no oír cuando lo chulean las damas, a las que en un momento les observa que hay mejores opciones que él. Hay un peso de los años y eso da la sabiduría de la prudencia. Serrat ha dejado un poco atrás a Tarrés, el alter ego de un disco pasado.

A sus 72 años es doblemente sabio porque todo lo puede convertir en risa, con un optimismo a lo Micromegas de Voltaire. Es 2015 y cita efemérides, unas verticales y otras horizontales en el mapa del tiempo. La rosa de los vientos une a personajes disímiles, a dictadores y santos, a literatos y asesinos. Todo para subrayar que lleva cinco décadas en los escenarios. Ha valido la pena, precisó, por haberme dedicado a un oficio y poder compartirlo con la gente. Nadie en la vida puede hacer algo por sí mismo, sin contar con los demás.

Toma su guitarra y canta Tu nombre me sabe a hierba, coreada con emoción. Otros nombres saben a otras cosas, de acuerdo con lo que cada quien ha hecho con un cuerpo. En la ciudad es difícil amar en un parque.

Hace una alocución sobre los millones de niños que hoy sufren maltrato, humillación, que son obligados a prostituirse, asesinados u obligados a trabajar, de los que duermen con miedo o se esconden. Infancia es destino y los que sobrevivan tienen un futuro incierto. Critica a los fanfarrones y elogia a los sobrevivientes, a los que comen y beben con gracia.

El Auditorio se vuelve un foro de expresión. Se oyen gritos contra Enrique Peña Nieto. Una voz rompe un silencio momentáneo y grita ¡Uno, dos, tres…! Una voz en contra le espeta un ¡cállate!, pero la mayoría se impone y se une para recordar a los estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos. Hasta ¡43! La orquesta y Serrat guardan silencio para escuchar el recuento ominoso y se une a la exigencia de justicia: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, expresó Joan Manuel.

Canción de cuna y Palabras de amor en catalán. Bromea sobre su Fa vint anys que tinc vint any. La sigue cantando y no sabe si la cantará cuando cumpla 80. La va actualizando a fuerza de retórica.

Esos locos bajitos, un tema que duele y hace tomar conciencia sobre lo perjudiciales que pueden ser los padres. Los hijos crecen y un día dicen adiós. Dan ganas de salir corriendo para abrazar a los hijos. Para la libertad recordó que es posible otro mundo, otro mejor que el actual. No hago otra cosa que pensar en ti, Mediterráneo, Cantares. Diez mil personas vuelven la vista atrás y sólo ven estelas en la mar.

La Jornada/Arturo Cruz Bárcenas

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