Otorgan el Águila Azteca a impulsores de acuerdo que privilegia a Telefónica

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MADRID (apro).— El gobierno de Enrique Peña Nieto impuso la condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca al ministro de Exteriores español, Manuel García-Margallo y a Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, unos días después que la sede de dicho instituto en Nueva York impidiera a los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero, permanecer en sus instalaciones por portar pancartas con las fotos de sus hijos.

Estos dos funcionarios españoles son solo dos de los 28 altos cargos del gobierno y de la monarquía española que son condecorados estos días con el Águila Azteca.

Se otorgaron el lunes 6, una semana después que el Instituto Cervantes en Nueva York impidiera la presencia de los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

La denuncia de esta acción fue hecha por la artista visual Andrea Arroyo, quien escribió un comunicado dirigido al director del Cervantes en esa ciudad estadunidense, según publica el sitio Sin embargo.

En el comunicado que Arroyo envió al director del Cervantes en Nueva York, Ignacio Olmos, señala que el pasado 29 de septiembre, personal de esa institución impidió a cinco madres y un padre de los normalistas permanecer en las instalaciones con el argumento de que es “una institución cultural, no política”, señala la publicación.

Pese a las explicaciones de la artista mexicana radicada en Nueva York, los elementos del instituto se negaron a la permanencia de los padres en sus instalaciones.

Una semana después, el lunes 6, la embajadora Roberta Lajous organizó un acto privado en la residencia oficial de México en Madrid, donde impuso las condecoraciones a los citados funcionarios españoles “por su amistad y servicio a la consolidación de la relación bilateral, que hoy alcanza su mejor momento”, según un comunicado de la cancillería.

En su discurso, Lajous –con una dilatada carrera diplomática y dentro del PRI— destacó la colaboración del ministro Margallo y de García de la Concha para “la creación del Sistema Internacional de Certificación de la Lengua Española (SIELE)”, que firmaron el Cervantes, la UNAM y la Universidad de Salamanca, en la reciente visita de estado del rey Felipe VI.

En este sistema –una política de Estado para España— se involucró directamente el rector de la UNAM, José Narro, quien firmó con García de la Concha un acuerdo para el desembarco de la universidad en España, desde noviembre de 2013, a través del Centro de Estudios Mexicanos –dependiente de la UNAM— en las instalaciones del Instituto Cervantes. El siguiente paso era el Siele.

García de la Concha dijo en la firma de los acuerdos del SIELE, en México, que “el Siele no solo es una prueba de evaluación, sino un sistema de promoción del español, pero del español de todos y en pie de igualdad. Pretendemos que en el proyecto participen las 900 universidades iberoamericanas y todos los ministerios de educación del área”.

La polémica es que la conducción primaria de este acuerdo lo tiene España y que la plataforma digital para la puesta en marcha de este sistema se le otorgó en exclusividad a la empresa hispana Telefónica.

Y aunque García de la Concha es un personaje de la cultura altamente valorado por el gobierno y la Corona española, existe una visión crítica sobre su persona, envuelta en polémicas.

El periodista asturiano Gregorio Morán lo criticó como un personaje “aldeano” y “mediocre” en una entrevista, en diciembre pasado, con motivo de la presentación de su libro “El cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los Letrados. Cultura y Política en España 1962-1996”, un “libro maldito” que la editorial Crítica del Grupo Planeta se negó a publicar, por su valoración del hoy director del Cervantes.

El autor del libro señaló que el motivo de dicha censura fueron 11 de las 800 páginas que componen la obra, en las que hace un relato demoledor de la Real Academia de la Lengua (RAE), y en particular de su exdirector, Víctor García de la Concha, “un profesional de las relaciones públicas con el poder”, describe.

“No me canso de decirlo, la censura no es un tema político sino un asunto económico”, dice en entrevista Morán, quien no accedió a la petición de Crítica/Planeta y presento su libro con otra editorial, Ediciones Akal.

Dice: “Está claro que el motivo (de la censura) fue que la salida programada del libro coincidía con la publicación (de la edición 23) del diccionario de la RAE, que son 450 mil ejemplares de salida. Y no se atrevieron”.

Y describe la carta que le envió el hoy finado José Manuel Lara, presidente del grupo Planeta, editorial que hace 35 años publicó su primer libro, una biografía muy crítica del presidente Adolfo Suárez a solo unos meses de haber ganado las elecciones de 1979.

La respuesta de Lara fue escueta: “no es miedo al Sr. Víctor García de la Concha, sino respeto a una persona vinculada a esta casa en muchos proyectos editoriales”. El problema estaba, cita, en sus “malditas once páginas”.

Proceso/Alejandro Gutiérrez

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