Energía verde no es moda sino cuestión de competitividad

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El desarrollo de energías alternativas permite el desacoplamiento de la volatilidad de los precios de los hidrocarburos y poder competir en un mercado con una creciente preocupación del público por el consumo limpio; además, ofrece la certidumbre de costos a largo plazo que no aporta la generación a partir de combustibles fósiles.

Más allá de la corrección política y la más que justificada preocupación por el medio ambiente, ser verde en temas energéticos cada vez retribuye más y pronto se convertirá en una cuestión de sobrevivencia económica para las empresas.

La generación eléctrica a través de energías limpias se realiza a precios cada vez más competitivos y ofrece la certidumbre de costos a largo plazo que no entrega la generación a partir de combustibles fósiles —debido a la volatilidad de los precios de los hidrocarburos—, afirmaron protagonistas de la industria en una discusión convocada por El Economista.

Expertos del Centro de Estudios del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (Cespedes) y de la Asociación Mexicana de Energía Eólica (Amdee) advirtieron también sobre la emergencia de un consumidor cada vez más sensible a los temas del medio ambiente, lo que lo llevará a preferir los productos con la menor huella de carbono y demandará la adaptación consecuente de las empresas.

“Se habla de que estas tecnologías son caras y son el sueño de los verdes, pero lo cierto es que las grandes empresas han invertido en proyectos de energía verde porque es conveniente. Aunque tienen la complejidad técnica de la intermitencia, su precio es conocido en el largo plazo”, opinó Leopoldo Rodríguez, presidente de la Amdee.

Diluir el componente de volatilidad es una motivación clave para firmas como las productoras de commodities, cuyas ventas están expuestas a una gran fluctuación de precios.

“Para una empresa minera, por poner un ejemplo, donde un porcentaje muy grande de los costos, entre 20 y 60%, corresponde a energía, cuando su producto participa en un mercado de commodities donde el precio de venta no lo determina la empresa, asegurar esa variable de costos se vuelve muy relevante. En las energías renovables, una ventaja fundamental es que puedes asegurar tu precio de generación a un larguísimo plazo: 20-30 años. Te quitas ese riesgo de volatilidad”, abundó Rodríguez.

Sin embargo, uno de los principales obstáculos para la proliferación de la generación eléctrica a tras vez de fuentes limpias es el auge del gas natural, cuyas cotizaciones históricamente bajas en Estados Unidos —uno de los mayores productores globales— han alentado su importación desde México para producir electricidad en las centrales de ciclo combinado, así como inversiones multimillonarias para la construcción de gasoductos para incrementar la compra externa del combustible.

“Hay quien piensa que la señal económica es impulsar al gas natural, pero es una señal de corto plazo. Puede ser que un trimestre haya estado barato, pero una vez que construyes las infraestructuras de transporte y generación estás obligado a consumir el gas en 25 años. ¿Pero cuánto tiempo más va a estar barato”, cuestionó Luis Farías, del Cespedes.

En contraste, el avance de las tecnologías y el crecimiento de la escala de generación han permitido abaratar permanentemente los costos de energías como la eólica, que hoy en día es una alternativa real en precio frente a la generación a partir de gas natural.

“Para la generación a través de un proyecto de ciclo combinado pudiéramos estar hablando de un costo de 5-6 centavos por kilowatt-hora, mientras que para un eólico el precio entre 6.5-8.5 centavos de dólar”, dijo Leopoldo Rodríguez, presidente de la Amdee, quien añadió que cada vez son más las locaciones aptas en México para albergar proyectos eólicos y ya no sólo Oaxaca.

Consumidores, los que mandan

Por otro lado, el advenimiento del consumo reflexivo, aquél que se da como resultado de calificado previamente al fabricante según sus prácticas de respeto al medio ambiente, obligará a las empresas a modificar sus procesos de producción y fuentes de energía para poder retener a sus clientes.

“Los consumidores son los que van a descarbonizar el planeta a través de la forma en que consumen y tenemos que estar listos para competir en ese escenario (…) Cuando se considera la huella de carbono en la actividad comercial y la consideras una variable de negocios, tienes que desarrollar competitividad”, dijo Luis Farías, presidente del Cespedes.

empresas@eleconomista.com.mx/LUIS MIGUEL GONZÁLEZ Y OCTAVIO AMADOR

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